Un día nada más
En un pequeño bar de una calle del centro histórico, la camarera hojea la revista Cuore sentada al final de la barra. El local está vacío y solo se oye la tabarra de la máquina tragaperras, situada al lado de la puerta. Si se mira hacia fuera, puede verse, al otro lado de la calle y perfectamente aparcado, un Ford Fiesta azul metalizado, cubierto del polvo de varias semanas y con la rueda izquierda delantera pinchada. En la pantalla de un televisor, se ve una prueba de Formula Uno. Quizá en ese momento esté pasando Fernando Alonso a 300 Km. por hora.
No muy lejos de allí, pero en una calle principal, un caballero de Bilbao, que disimula una alopecia que le atormenta afeitándose la cabeza, decide entrar en una cafetería. Este caballero es un comercial de una importante empresa de ferretería y no ha logrado vender ni una sola manecilla, ni un solo pomo, ni una sola bisagra en todo el día. Se sienta en una mesa y pide un agua con gas. Y, fíjate lo que son las cosas, sentada enfrente, hay una mujer con las piernas cruzadas. Por cierto, son unas piernas estupendas. A la mujer no se le ve la cara, oculta tras el periódico que está leyendo. No importa demasiado ya que el caballero de Bilbao vislumbra con fino instinto que, al final de un día aciago, siempre puede haber un atisbo de luz. Que Dios aprieta pero, bueno, ya saben.
Frente al río, tres adolescentes están sentados en un banco con bolsas de plástico llenas de botellas, bricks de vino y paquetes de patatas. Uno de ellos saca tema: "Mi madre ha oído que van a poner multas de mil euros si te pillan haciendo botellón". Tras unos segundos, interviene otro: "Jo, co, pues en mi casa no se de dónde los van a sacar. Co, mil euros. Mi padre ya no va a cobrar el paro el mes que viene, creo, co". Sigue un silencio puede que tan ancho como el río. A veces, las dimensiones físicas de lo que no se dice son inabarcables.
En el pequeño bar de esa calle del centro histórico, entra por fin un cliente pero no quiere tomar nada, sólo quiere cambio para jugar en la máquina tragaperras. En el televisor, Fernando Alonso dice que no está nada contento con la carrera que ha hecho. La camarera le cambia el billete al hombre. Y vuelve a su rincón y a su revista.
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** El "señor de Bilbao, que disimula su alopecia, etc." ha aparecido ya en otros artículos míos, como El ascensor y Tarde de compras.
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Los vasos azules
Tengo un vaso frente a mí, en la mesa de la cocina, que tiene el color con que pintan los niños los ríos de sus paisajes. Es impensable que un niño pinte un río de marrón; lo pinta de azul Alpino. Hace un año, en Zaragoza hubo una exposición universal al lado de un río al que llegó un iceberg que había podido esquivar al Titanic. Pasé muchas horas en ese paisaje de cuento y lo hice siempre con un vaso azul en la mano, no porque fuera tonto o friki sino porque quería exhibir mi conciencia medioambiental. El vaso costaba un euro, lo usabas las veces que querías y, al final, o lo devolvías (y recuperabas el euro) o te lo llevabas a casa. El vaso, insisto, era como un DNI de visitante enrollado y ecológico.
Mi primer vaso lo adquirí nada más llegar a la Expo por primera vez. El segundo, me lo llené de cerveza durante una actuación de Diana Krall. La Krall cantó como nunca ya que, a su banda de músicos extraordinarios, se le añadió el cierzo, ese trompetista de jazz de inusual capacidad de improvisación. En medio de una canción de Cole Porter, y mientras volaban las partituras, la parejita que estaba a mi lado se olvidó del concierto y del mundo en una nube de carantoñas. Cuando ellos dos se fueron, también se olvidaron de coger sus vasos azules. No me lo pensé dos veces y me los pillé para mí. Ya tenía cuatro.
Otro día, visité el pabellón de España, que contenía una colección de piedras preciosas. Entre ellas, estaba el "Corazón verde", una esmeralda muy grande que había dado título a una peli de aventuras protagonizada por Kathleen Turner y Michael Douglas. Miré fijamente la esmeralda y traté de imaginarme como Douglas. Lo conseguí, pero la experiencia de ir de aventurero por la selva colombiana me extenuó y me dio mucha sed. A la salida, me compré otro vaso reciclable y lo llené de cola light. Fue mi quinto vaso.
El último día de la Expo, intenté hacerme con otro pero se habían agotado. Logré convencer a un adolescente para que me vendiera el suyo por cinco euros. Ya tenía la media docena. Es todo lo que me queda de aquello. Diana Krall ha grabado un nuevo disco, un pelín cursi, que se llama "Noches tranquilas", es decir, sin cierzo. Y el iceberg ha desaparecido, hundido en las aguas turbulentas de los malos tiempos.
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Juan Marín, premio de la AIPEP al mejor columnista de 2008
La Asociación Independiente de Periodistas, Escritores y Profesionales en Nuevas Tecnologías de la Información (AIPEP) me entregó ayer (18 de junio de 2009) el Premio al mejor columnista de 2008. En el acta, se justificaba esta concesión "por poner en letra impresa las cosas de la vida con maestría, frescura y un punto crítico que aporta sal y pimienta a la actualidad". Los premios (se concedieron 22) fueron entregados durante una fiesta en La Casa del Loco, que consistió en un espectáculo de cabaret o "sala de fiestas" dentro de la más clásica tradición del género en España, con la actuación de supervedettes, ilusionistas y cantantes de copla, terminando, como es natural, con un cuadro jotero.
Cuando recogí el premio, di las gracias a la AIPEP, a los lectores que me siguen cada domingo y, muy sinceramente, a los periodistas de los que he dependido en HERALDO DE ARAGÓN, o sea, a "mis jefes", porque siempre me han dado total libertad para escribir de lo que yo quisiera y como quisiera.
Ya son diez años los que he colaborado con HERALDO, aunque no seguidos. Hubo una primera etapa (1990-1991) cuando dirigía el periódico Antonio Bruned Mompeón. En 2001, se hizo cargo de la dirección Guillermo Fatás, y volví a escribir una columna semanal, bajo el nombre genérico de La Crónica. Fue Encarna Samitier (subdirectora de opinión) quien propició este regreso. En el verano de 2008, se me encargó la redacción de tres artículos semanales para las páginas especiales que HERALDO dedicó a la Expo. Como la Expo estaba dedicada al Agua, yo llamé a mi sección "El grifo". Este encargo fue para mi un auténtico regalo, un verdadero premio. Tardé muy poco en sentirme seducido por esta exposición internacional irrepetible y eso se notó en mis escritos, que tenían un enfoque muy optimista con tendencia a lo surrealista, pues la sensación era la de estar soñando una fiesta, o estar de fiesta en un sueño. Mis jefes entonces fueron Esperanza Pamplona, Enrique Mored y Rafael Bardají, que estaban al frente de un equipo de profesionales muy jóvenes y muy imaginativos. Para mi es un orgullo haber participado en aquel suplemento tan novedoso, tan vital y tan lleno de creatividad.
Cuando acabó la Expo, volví a las páginas de Opinión, con una columna semanal con el nombre genérico de Marca al Agua. Encarna Samitier y Víctor Orcástegui son ahora mis jefes.
Cuando ayer recogí el premio de la AIPEP, junto a dos profesionales muy jóvenes como Jorge Alonso, periodista de investigación, y Pedro Etura, fotógrafo, sentí una emoción muy agradable pero que me resulta difícil explicar. Quizá sea la del intruso que por fin se ve aceptado. No sé, algo así, creo.
*Podéis ver más información y vídeos de la fiesta de la AIPEP pinchando aquí, en la página de Planeta Zaragózame, empresa que también fue premiada.
Muchos y buenos
Hola. Se ha acabado la Feria del Libro y es una pena porque los libros dan mucha vidilla cuando salen a la calle. Mientras dura el buen tiempo, debería estar prohibido venderlos en el interior de las tiendas. No sé si así se venderían más pero, al menos, los libreros tendrían mejor color. Bueno, la feria ha sido un éxito, leo, sobre todo por la presencia de numerosos autores aragoneses. Hubo un tiempo en que haber nacido o estar empadronado en un lugar concreto no suponía ningún mérito literario, pero ahora es distinto; esa circunstancia se valora y se publicita porque da buenos resultados dentro de una política mercantil basada en consumir "productos de la tierra", sean estos aceite de oliva virgen o novelas. Se trata de estimular el factor geográfico-sentimental del lector, que asume, racionalmente o no, el mensaje de que "hay que apoyar lo nuestro". No obstante, es justo reconocer que los escritores de nuestra comunidad, aun siendo muchos, son casi todos buenos. Lo comprobé en dos puestos de la feria, dedicados enteramente a las letras aragonesas. En estos autores de aquí, sean jóvenes o no, se nota la pulsión por la escritura, la limpieza de estilo y la preferencia por los temas íntimos. Es verdad que los hay que cultivan el género criminal o el histórico, pero la mayoría se inclina por la acción más privada, es decir, por aquello que ocurre en torno a su ombligo. Viajar por la galaxia del ombligo propio no implica necesariamente mala literatura y eso lo compruebo al leer páginas sueltas de estos libros. Me gustan, pero no podría decidirme por ninguno de ellos: todos son buenos pero ninguno es distinto.
De repente, recuerdo lo que Truman Capote escribió en el prefacio de "Música para camaleones"; decía que desde los ocho años había estado escribiendo historias compulsivamente y que eso había supuesto una experiencia muy divertida hasta que advirtió "la diferencia entre escribir bien y mal" y que luego hizo otro descubrimiento más alarmante todavía: "la diferencia entre escribir bien y el arte verdadero, una diferencia sutil pero brutal". No sé por qué me acuerdo de estas palabras cuando estoy delante de las numerosas obras publicadas por escritores "nacidos o empadronados en Aragón". No sé por qué.
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Los 5 principales. Mayo 2009
Las 5 páginas más vistas de este blog durante el mes de Mayo de 2009 han sido:
1) Stieg Larsson. El hombre que no testó
2) Un artículo de La Crónica en Selectividad de la UPNA
3) John Cheever. El nadador
4) Paul Auster. El cuaderno rojo
5) Jaime Bayly. La noche es virgen
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LA GRANDEUR
El dueño de la casa ha preferido sentarse en un extremo del sofá. En un sillón, está su amigo, confidente y asesor TX. "Si te he dicho que vinieras esta tarde a casa es porque he tenido una idea que quiero contarte. Bueno, más que una idea es un sueño. Eso, tengo un sueño. I have a dream." El amigo sonríe y dice con confianza: "Uf, me das miedo, la verdad. Venga, te escucho". De un lugar alejado de la casa, llega el sonido de un piano; alguien está interpretando un conocido nocturno de Chopin. "Mira, te cuento: quiero hermanar el río Ebro con el Sena. Igual que se hermanan ciudades, mi proyecto es hermanar ríos. Grandes ríos, grandes ciudades. Ese podría ser el eslogan. Ya me imagino el videoclip promocional: un bateau mouche pasa por debajo de los puentes del Sena pero uno de esos puentes es... ¡el de Piedra! Además, se ven los monumentos de París pero... donde estaba Notre Dame, ¡ahora está El Pilar! Y viceversa: el alcalde de París puede hacer lo mismo y filmar nuestros barcos surcando el Ebro y que, en vez de la Torre del agua, se vea el Centro Pompidou." TX, su amigo y asesor, calla tratando de asimilar lo que ha oído. Después de unos segundos, musita: "Es novedoso. Pero antes, hay que dar prioridad a la Expo-Paisajes de 2014, me parece." "Si, por supuesto," asiente el anfitrión, "pero hay que ir pensando en cómo vender la idea a la prensa, que me está chinchorreando continuamente. Porque yo creo que lo de Expo-Nabo no es una cosa de la gente sino de algunos periodistas. Haga lo que haga, se me pone verde; por los nuevos nombres de las calles o porque se draga el Ebro o por lo que sea ¡Ni a Miterrand se le criticó tanto con lo de la pirámide en medio del Louvre!" TX trata de tranquilizarle: "¿Sabes qué pasa? En España, no se admite la grandeur de los franceses, la ambición de hacer Historia..." Siguen llegando las notas de un piano, pero ya no es Chopin sino un clásico latino, quizá Siboney. El anfitrión retoma la palabra: "¡De grandeur, nada de nada! Aquí dices que quieres hermanar el Huerva con un afluente del Danubio y te sueltan que lo primero que hay que hacer es limpiar las acequias..." El asesor asiente silencioso y escucha la orden final: "Oye, gracias por venir. Bueno, ve encargando lo del videoclip del bateau mouche...
Si te ha interesado este artículo, puede que también te interese este, El jardín de las delicias , y este otro, Enfados municipales.
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Pep Guardiola, muy mal

Hola. Esto del fútbol, la verdad, es complicado. Hemos tenido una temporada llena de emociones pero las emociones no implican necesariamente satisfacciones. Sé de lo que hablo, les cuento: voy a una piscina municipal dos días a la semana, habitualmente a la misma hora, y suelo coincidir con el mismo grupo de hombres en el vestuario. Pienso que entre ellos se conocen pues se tratan con camaradería. Mientras se quitan la ropa o se visten, su conversación siempre trata de fútbol y he observado que son unos grandes entendidos. Servidor tan sólo es un seguidor de algunos equipos: del Zaragoza (por tradición), del Numancia (porque hay que ser realista y creer en lo imposible) y del Barcelona (por gusto). Servidor, pues, se calla mientras ellos discuten y se acaloran. Pero lo curioso es que no se enfrentan como aficionados de distintos clubes, lo que sería lógico y saludable, sino que se sitúan en un nivel superior, el de entrenadores. Y entrenadores del mismo equipo, lo que complica mucho más las cosas. Ellos deciden la alineación del próximo partido y critican la del anterior; nombran al jugador que habría que mandar al banquillo y al que habría que colocar de defensa. La conclusión, al cabo de pocos minutos, es que si alguien les tuviera en cuenta, los partidos no se perderían. A veces, a estos compañeros míos de vestuario no les basta con ser entrenadores y ellos mismos se promocionan a puestos directivos. Entonces, empiezan a rescindir contratos vigentes en la liga española y a fichar a jugadores de la inglesa o de la argentina para la próxima temporada.
Pero el otro día caí en que, desde hace un mes, ninguno de estos expertos ha comentado nada del Barcelona. Hace poco, uno de los más jóvenes mencionó de pasada a Guardiola y se hizo un silencio; incluso vi que uno de estos analistas deportivos soltaba una risita por lo bajinis. Me di cuenta de que nombrar a Guardiola era tabú. Guardiola, muy mal. Muy mal porque lo ha hecho todo muy bien y, así, ha mandado al paro a todos los que entrenan y dirigen a los grandes clubes con el mando a distancia. Nadie puede ya corregir a Guardiola en sus estrategias, nadie puede ya sugerirle cambios en su táctica. Vaya faena que les ha hecho a algunos; no lo sabe bien. Nos vemos.
Si te ha interesado este artículo, puede que también te interese este, Nayim: llámalo magia, y este otro, Nick Hornby. Fiebre en las gradas.
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Stieg Larsson, el hombre que no testó

Hola. El 9 de noviembre de 2004, en Estocolmo, murió un hombre de un ataque al corazón. Esta información carece de interés periodístico, la verdad, porque la muerte causada por dolencias cardiacas es muy frecuente en todo el mundo. No obstante, sigo hablando de este señor, que murió sin haber hecho testamento. Otro dato sin importancia ya que el caso de gente que fallece sin testar es muy común. El personal se resiste a redactar testamento porque a) ve la muerte como un accidente lejano, b) tiende a hacer suya la idea de que "el que venga detrás, que arree" y c) se resiste a verse como perteneciente a una especie efímera y el testamento es, sobre todo, un certificado de aceptación del hecho irreversible de la propia muerte.
Bueno, ya me he distraído de lo que iba a contar. Vuelvo al hombre de 50 años que murió en Estocolmo en noviembre de 2004, etc. No era un cualquiera porque dejó un legado de unos 20 millones de euros, cantidad que sigue creciendo cada día que pasa. Este hombre, amante de la ciencia ficción, de las aventuras de Tintin y de la serie de Pippi Calzaslargas, se llamaba Stieg Larsson y es el autor de tres librotes con títulos tan largos como La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, por decir uno. Al morir sin testar, todo el dineral producido por estas novelas lo han heredado su padre y su hermano, a pesar de que Larsson compartió los últimos treinta años de su vida con una mujer, Eva Gabrielsson. Stieg y Eva ni se casaron ni se registraron como pareja de hecho por lo que, para las leyes suecas de sucesión, Eva simplemente no existe. Me pregunto cómo es posible que un escritor de novela negra, un género habitualmente atestado de cadáveres y de últimas voluntades, no hiciera testamento a favor de su compañera. Ella dice que Stieg no intuía el éxito que iban a tener sus libros y que, como todas sus propiedades eran un piso de 54 metros y una bici usada, pues que para qué molestarse. El caso es que la vida de Larsson ha terminado siendo una novela escrita no a su estilo sino al de Ingmar Bergman, una especie de drama con líos de familia y cuyo argumento central es el dinero. Mucho, mucho dinero. Porque, como es por todos sabido, nadie discute por una bicicleta de segunda mano. Nos vemos.*
* La imagen que aparece al principio corresponde a una obra de Roberto González Fernández
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Georges Perec. Plegarias no atendidas

Hola. Un locutor de radio muy respetado en Francia ha sido Bertrand Jèrôme. No, no voy a hablar de monsieur Jèrôme, al que nunca he escuchado, pero al que es obligado referirse porque, a principios de los años 80, tuvo un programa en el que propuso a diversas personalidades que hablaran de "las 50 cosas que querrían hacer antes de morir." Uno de los participantes fue el escritor Georges Perec y tengo su intervención radiofónica en mis manos, transcrita en un pequeño libro de tapas azules. Hoy, que es un sábado raro, con una luz crepuscular impropia para mayo, leo los deseos de Perec con la curiosidad y el reparo de quien se adentra en una habitación muy privada.
Entiendo perfectamente su primer deseo, que parece banal para un parisino: dar un paseo en bateau-mouche por el Sena. No me es ajeno lo de querer ser turista en la propia ciudad y, así, verla con la inocencia gozosa de un extraño en vacaciones. A continuación, Perec se mete en un terreno más práctico y expresa el deseo de decidirse a tirar ciertas cosas que guarda "sin saber por qué." Cuidadito con esas decisiones; se corre el riesgo de que, pasado un tiempo, lo que uno tiró vuelva a la memoria como algo imprescindible pero ya irrecuperable. Y sigue con algo que resulta normal en un hombre como él, aficionado a los crucigramas y a otros ejercicios físicos por el estilo, y es que se lanza a desear altas dosis de aventura como viajar en globo y en submarino o ir de Marruecos a Tombuctú en camello; deseos bonitos pero... menudo sofocón le podría haber dado si alguno de ellos se hubiera hecho realidad; vaya cara habría puesto Perec de encontrarse a un jinete bereber a la puerta de su casa con los camellos preparados para una travesía de dos meses por el desierto.
Quizá, de todo lo que él querría hacer antes de morir, lo más comprensible, lo más humano, es lo que corresponde a esas inevitables frustraciones que, más o menos parecidas, todo el mundo guarda en secreto: "aprender a tocar la batería, aprender el oficio de impresor, saber pintar, encontrar la solución al cubo de Rubik". Pero si algo me empuja a leer y releer esta lista de deseos de Georges Perec es que murió a los pocos meses de escribirla. Tenía 46 años y, que se sepa, 50 plegarias no atendidas. Nos vemos.
* Georges Perec (París, 07/03/1936 03/1982), formó, junto con otros escritores como Raymond Quenau, el grupo denominado Oulipo (Ouvroir de littérature potentielle, "Taller de literatura potencial"). Este grupo se caracterizó por los juegos léxicos y Perec llegó a escribir una novela, La disparition, en la que suprimió la letra E, la más común en la lengua francesa. Se tradujo al español como El secuestro y, en este caso, se suprimió la letra A. De todas maneras, las obras más conocidas de este autor son La vida instrucciones de uso (La vie mode d'emploi) y Las cosas.
El listado de "las 50 cosas que querría hacer antes de morir" se puede encontrar en un bonito libro de 116 páginas, titulado NACÍ, textos de la memoria y el olvido publicado por ABADA Editores, Madrid (2ª edición en 2008).
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PUSH, la adaptación de la novela de Sapphire, triunfa en Sundance 2009
Dirigida por Lee Daniels y con guión de Damien Paul, la película PRECIOUS, basada en la novela PUSH de la escritora afroamericana Sapphire (Ramona Lofton), se convirtió en la gran triunfadora del festival de cine independiente de Sundance en 2009 (premio a la mejor película, premio del público y premio a la mejor actriz). Esta novela fue publicada en España por la editorial Anagrama en 1998. El periódico El País me encargó entonces la reseña del libro, que puedes leer pinchando aquí. El País, en su suplemento Babelia, dedicó toda una página a Sapphire; además de mi reseña, apareció una interesante entrevista a la autora a cargo de Javier Martínez de Pisón.
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