03/07/2008

Un brazo imprevisto

A las 11 de la noche, Fiona, una licenciada en Geología por la universidad de Manchester, acaba de darle un beso debajo de la oreja a su novio Mike, jefe de la sección de congelados de un supermercado. Felices, esperan el comienzo de "El Hombre Vertiente" en la Plaza de Inspiraciones Acuáticas, que está, por si no lo saben, como metida en un molusco tipo vieira. La parejita inglesa ha preferido estar de pie a sentarse en las gradas; les va el jaleo, sin duda. Empieza el espectáculo, con el aforo completo, y un potente foco ilumina a alguien del público como anuncio de que ahí precisamente va a caer agua. La gente corre de un lado para otro para evitar el remojón y pasárselo pipa. Al poco, se hace la oscuridad para iluminar tan sólo el escenario. Jadeante por la excitación del juego, Fiona acaricia el brazo de su novio; lo acaricia, pero, de repente, nota que ese brazo, que ella conoce tan bien, se ha vuelto extrañamente peludo. Tino, un oscense que trabaja en mantenimiento de ascensores, nota como una extranjera le acaricia el brazo con insistencia. Sus miradas se cruzan y ella, colorada, se aleja como puede en busca de Mike.
        imagen
       Mientras tanto, al Hombre Vertiente le empieza a salir agua de todas partes. Es un tema íntimo, pero todos sabemos cuál es el circuito de los líquidos en el cuerpo humano y sus vías de entrada y salida. Al Hombre Vertiente, el agua le sale del corazón, de los dedos o del ombligo. Expresa muy bien la idea de que el hombre es todo de agua (¿de grifo?) y que sin ella, se convertirá en lagartija. Fiona (a la que se le ha quedado el móvil sin carga) no ha disfrutado nada del espectáculo. A la 1 de la madrugada, vaga inquieta por una Expo atestada de gente. Su novio, digámoslo de una vez, se está quedando sopas sobre la hierba a la orilla del río, después de fumarse algo parecido a un cigarro, muy lejos del sitio donde está ella. Quien sí está cerca, y muy sonriente, como a dos metros detrás de la chica, es Tino, un mantenedor de ascensores...

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29/06/2008

Santiago Gimeno: Heavy Metal

Hola a todos. Iba el otro día por el Paseo de la Independencia, como muy despistado, y casi me tropiezo con una escultura de acero, mucho más alta que yo. "Hola, escultura, ¿cómo te llamas?" "Me llamo Jardín y mi padre se llama Santiago Gimeno. Mira, ése es, el que pasa por ahí montado en una Harley". De repente, Zaragoza se ha espabilado, y hace arte de guerrilla, que es algo que la publicidad viene haciendo desde hace algún tiempo. Se trata de invadir por sorpresa terrenos vedados o, al menos, inéditos, y salir al encuentro de la gente, pillándola desprevenida. El efecto sorpresa debe provocar una reacción impactante pero placentera, que lleve a la reflexión y cree discusión.
       imagenLo sé de buena tinta, a Santiago Gimeno le mola la música rockera de los 60 y 70: Jimmy Hendrix, Led Zeppelin o los Ramones. Cuanto más guitarrera, mejor. Eso le da marcha para crear sus esculturas gigantes en acero o en hierro. Me lo imagino en su taller, peleando con el metal mientras suena Jethro Tull, un poner, que fue, y es, una banda original que juntaba el rock duro con toques de música barroca. En su exposición de la CAI, ésa de la que se escapan las esculturas a la calle, Gimeno ha unido la furia y el ruido de los metales con las formas de la naturaleza, con la versatilidad del agua y los sonidos del viento. No, no estoy haciendo metáforas, es que es así. Basta ponerse delante de "Ríos de metal", y sentir la cercanía de una cascada en caída lenta. Me temo que, cuando el guarda jurado se vaya un momento al servicio, "Ríos de metal" va a salir corriendo de la sala CAI-Luzán y vete tú a saber en qué plaza aparece.
       Mientras la pintura tiende a vivir en interiores, por simple supervivencia, la escultura prefiere, por gusto, vivir al aire libre. La luz cambiante y el viento jugando alrededor sientan bien al arte del volumen; en este caso, al de Santiago Gimeno, ese artista que pasa por ahí, montado en una Harley y tarareando por lo bajinis a los Rolling. Nos vemos.

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28/06/2008

Motregen

imagenAl principio, nada más entrar en el pabellón de Bélgica, me sentí decepcionado. Estaba convencido de que todo él iba a ser de chocolate. De chocolate blanco, el techo; y de la variedad "80% de puro cacao", las paredes y el suelo. Pensaba que también habría un aroma persistente a trufa y a almendra amarga. No es así. La gran atracción de Bélgica es una muestra del paisaje de los Países Bajos con siete variaciones climáticas reales, que se dan, una tras otra, en tan sólo 12 minutos. El sol, la niebla, la lluvia, la tormenta, etc. En el etcétera, está el calabobos o chirimiri u orvallo que, en neerlandés, se dice "motregen". Me gusta esa palabra, que a mí me suena a bombón de avellana, pero que significa "lluvia-polilla". Me quedo delante de ese paisaje, viendo cómo llueve y esperando que Milou salga del fondo y venga corriendo hacia mi porque me haya confundido con el capitán Haddock. Eso no ocurre, otra decepción, y camino hasta encontrarme al mismo Marat (el del cuadro de David) en su bañera de siempre, escribiendo metáforas en el agua mientras espera que Carlota Corday llegue y le apuñale en plena Revolución Francesa. imagen
       El pabellón belga ha elegido ser poético como otros han elegido ser turísticos o gastronómicos. Les alabo el gusto, pero una queja: no se oye la voz de Jacques Brel cantando "Le plat pays" o "La bière". Uno es que es fan de Brel y se sabe la letra enterita de "Ne me quitte pas". Vale, pensando en Brel y en su afición a la cerveza, me voy al bar del pabellón, donde sirven siete cervezas de barril. Me pido una Bavik, que sabe a flores al principio pero que se vuelve amarga al final. A mi lado, en la barra, está Carlota Corday tomándose una Chapeau Kriek, que es de guindas. Ella me dice, como si nada: "Ésta es la última cerveza que tomo, que tengo que matar a un hombre antes de que acabe su baño". Ajenas al drama que se avecina, dos señoras de Brujas hacen encaje de bolillos a las puertas del pabellón. Y dentro, sigue cayendo el "motregen".

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26/06/2008

Ofelia

Celine X (Carcasonne, 1989) está sentada en las gradas que dan al Ebro, leyendo "Hamlet". Parece mentira que con la cantidad de cosas que hay que ver en la Expo, esta estudiante francesa de farmacia se dedique a hacer algo que podría estar haciendo en su casa tranquilamente. Celine X, que lleva el pelo casi rapado y dos aros negros un poco por encima del lóbulo de la oreja izquierda, está ensimismada con su libro de bolsillo en las manos, ajena incluso al río que pasa caudaloso justo enfrente. ¿Qué atrae tanto de "Hamlet" a una jovencita francesa neopunk? Hamlet era un tio de carácter muy difícil, ciclotímico y paranoico. Por supusto, nadie discute que se viera metido de lleno en un drama familiar bastante sórdido, pero pienso que por motivos menos graves, él habría sido igual de rarito e inestable, porque hay cosas que van en el temperamento y no le demos más vueltas. Y, sin embargo, Hamlet sigue manteniendo viva toda su fascinación.
       Suena a tópico, pero creo que Celine X se está identificando con Ofelia, la muchacha que Hamlet no supo querer, y cuando uno piensa en Ofelia,imagen siempre se acuerda de Sir John Everett Millais, un artista prerrafaelita del siglo XIX, que pintó su cadaver exquisito flotando en un río como los que surcan la campiña inglesa. Inglaterra es un pais muy llano y los ríos fluyen tranquilos, como si tuvieran vocación de bañera. Así pues, el rio que acoge la desesperación final de Ofelia, según el pintor Millais, es de aguas melancólicas; nada que ver con el Ebro, que es de aguas joteras. O sea que cada río tiene su propio carácter y los hay tímidos o extrovertidos, taciturnos o vociferantes. Pero, frente a tan bulliciosas aguas, Celine X sigue leyendo absorta, mientras yo la miro y me entretengo haciendo psicología fluvial. En toda exposición, ya sea internacional o universal, hay alguien que se trae su propio pabellón en la maleta: Celine se ha traído uno igualito al castillo de Elsinor, donde parece que todavía vive un príncipe de corazón dañado.

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22/06/2008

Risi y Pollack: escapada definitiva

Hola. Dino Risi y Sidney Pollack se han ido de este mundo a la vez, casi en el mismo tren. Los dos tenían el mismo curro: dirigir cine. Bueno, admitámoslo, los directores de cine también se mueren. Oh, sí, claro que sí, pido perdón, es verdad que sus películas quedan para siempre, pero quedan en un limbo extraño, me explico: en una colección de cintas caseras o en la programación de alguna cadena de TV para cinéfilos exquisitos. imagenY, sin embargo, el cine de ellos dos no estaba dirigido a ninguna minoría sino a una gran masa de personas exigentes con ganas de películas de calidad. Fueron directores comerciales que pensaban en los espectadores y no en los consumidores de palomitas. ¿Se me entiende? Entre los títulos de Pollack, está "Danzad, danzad, malditos", un maratón de baile en los años 30, en el que las parejas bailan hasta la extenuación por un premio de 1.500 dólares, cuando no por un simple bocadillo. "A los caballos los matan, ¿no?", se llamaba en inglés la película. Un título elocuente para una fábula sobre la explotación de muchos por parte de algunos, quizá de esos algunos de siempre.imagen
        Risi obtuvo un gran éxito con "La escapada" (estrenada en Zaragoza en el cine Elíseos), una historia divertida que, poco a poco, se va volviendo amarga hasta acabar en tragedia. Un caradura italiano (Vittorio Gassman), seductor y liante, emprende un viaje por carretera con un joven estudiante (Jean-Louis Trintignan), muy tímido y con muy poco mundo. En coche, estos dos seres opuestos recorren la alegre Italia de los 60. Si la experiencia le sirve al inocente para ir aprendiendo a vivir, al chuleta le sirve sólo para envejecer más deprisa. Bueno, no quiero seguir hablando de esta película fundamental; no vaya a ser que les meta el venenillo en el cuerpo y corran a comprarla. No se puede comprar ni alquilar. No está editada en DVD. Pues sí, ya se ve que cuando los buenos directores mueren, también se entierra, en el sentido más físico, su cine. Mucha pena. Nos vemos.

COMENTARIO de Fernando Gracia Guía (22/06/2008): "Ha sido muy oportuno recordar la pérdida de un grande como Dino Risi, autor de un puñado de películas en los cincuenta, sesenta e incluso setenta, de las que ya no se hacen.
       Pero escribir fiando de la memoria a veces es peligroso, y no era Jacques Perrin quien acompañaba al gran Gassman en aquella "escapada", sino Jean Louis Trintignant. Efectivamente, no ESTABA disponible La Escapada en DVD, pero si no me engaña la vista hace unas semanas la vi en los quioscos en venta, no recuerdo si sola o en compañía de otra peli".
       COMENTARIO del autor: Realmente he hecho mal fiándome de la memoria y poniendo a Jacques Perrin como coprotagonista de "La escapada". Pienso que en mi subconsciente estaba "La chica con la maleta", de Zurlini, con Perrin y Claudia Cardinale. En fin, gracias al comentario de Fernando, ya he corregido el error en el artículo.

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20/06/2008

Agua digital

Les juro por lo que más quiero que el Ebro que pasa por debajo del pabellón-puente de Zada Hadid es de verdad; es decir, que lleva agua de la de siempre, de la que moja. Estaba ahí ya cuando yo era niño. imagenDe niño, el Ebro era mucho más grande que ahora y era navegable en piragua. El club Helios tenía un merendero desde el que veías el Pilar y a gente pescando en las riberas. Las señoras comentaban que los peces del río eran muy bastos, despreciando la pesca como deporte, mientras los críos, para distraernos del tedio de la siesta obligatoria, mirábamos las piraguas de color naranja abrir definidos surcos en aquel río de café con leche. Bueno, corto ya, que puede parecer que me pongo sentimental cuando lo único que quiero es demostrar que el Ebro es hoy el mismo río que ha sido siempre. Dicho de otra manera, NO es una proyección ni una imagen de tropecientos mil megapíxeles en una pantalla TFT.
        Dejando el río aparte, creo que el 80% del agua de la Expo está reproducida digitalmente o simulada de muy diversas maneras; o sea, que es de mentira. En el Centro de Visitantes, cuando cruzas una cortina de tiras de plástico, suena como una cascada; en el pabellón de Aragón, hay partes del suelo que cuando las pisas se convierten en charcos; en el de Suecia, todo está cubierto de nieve, jajá, pero sólo es una moqueta de Ikea y cien ejemplos más que se podrían dar. Son recreaciones tecnológicamente perfectas del agua, tan perfectas que luego los visitantes se hacen un lío y ya no distinguen entre la que moja y la que no. En el pabellón de Polonia, que es chachi-piruli, una señora se ha caído delante de mí en un canal con agua de la buena porque creía que era un cristal espejado y ha puesto el pie encima. No te digo nada la que se ha montado y, lo que más duele, a los que estaban alrededor les ha dado mucha risa. Hay que mirar al suelo, lo primero, y no fiarse del agua de la Expo, que no siempre es falsa. A lo que iba, el Ebro es de verdad; de eso, estoy seguro.

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18/06/2008

¡Forges for president!

No estaba anunciado pero Forges, EL HUMOR, ha venido a la Expo. Tribuna del Agua, explico: pabellón de ideas. Todos los días van señores muy sabios y hablan en torno a que nos queda poca agua, más o menos. Paseo sin rumbo fijo y oigo que Joaquín Araujo y Forges dan una conferencia. Araujo es un sabio con pico de oro, lo que ahora se llama "un gran comunicador". El sabio y gran comunicador resulta ser un experto en medioambiente. A su lado, se sienta Forges, que es un señor que nos ha hecho sonreír y pensar casi todos los días desde los años 70. PENSAR y SONREIR, así quisiéramos que fuera la vida siempre. Araujo se monta una conferencia muy literaria sobre el agua, en la que personaliza el agua y licúa a la persona. Dice que el agua es el escenario, el argumento de la obra y el espectador. En esa relación apasionada entre el río y la persona, se ha metido un tercero: el puente. Habla mucho y muy bien de los puentes, que, en sánscrito, significaban búsqueda, aventura. Yo sé inglés pero no sé sanscrito. Busco profe de sánscrito porque Araujo me ha metido el venenillo. imagen
       Mientras tanto, Forges va dibujando las sutiles ideas de Araujo sobre unas cuartillas. Una cámara nos retransmite en directo las manos de Forges, que dibujan, como prota del tema, una gota gorda, con perdón, quiero decir una gota con sobrepeso. Me gusta más la gota obesa con naricilla y ojos saltones de Forges que Fluvi, pero ya es tarde. El Sr. Araujo habla del agua con muchas metáforas por frase; en la pantalla, tecleadas a toda velocidad, aparecen las metáforas de Araujo; y Forges no para de dibujar gotas gordotas. Parece un concurso de "a ver quién hace más cosas en menos tiempo". Me acomplejo porque me veo muy lento en todo. Miro a un tío que traduce las metáforas de Araujo al lenguaje de signos a toda pastilla. Quiero aprender el lenguaje de signos. Quiero aprender sánscrito. Quiero ser la gota gorda que dibuja Forges. En mi caso, una gota gorda con gafas. Molaría.

La conferencia PALABRAS DIBUJADAS, a cargo de Forges y Joaquín Araujo, tuvo lugar en la Tribuna del Agua de la EXPO, a las 19h del domingo 15/06/2008. Aforo casi completo.

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15/06/2008

Patrimonio gráfico

Hola. Iba a llamar a este artículo "Señalética del peatón y de la peatona", pero no he podido porque es un título muy largo y no cabe. imagenLa señalética es ese conjunto de indicaciones y rótulos con los que se nos indica cómo movernos por la vida. Un señor que corre hacia una puerta o un cigarrillo cruzado por una raya nos dicen por dónde tenemos que salir en caso de incendio o que está prohibido fumar. Las señales, seamos francos, nacieron como lenguaje para tontos o para iletrados, por eso son sencillas, reconocibles universalmente y suelen evitar las letras del alfabeto.
       De entre todas las señales de tráfico, ninguna gusta más que la de los semáforos en los pasos para peatones. Esta sí que es una indicación para tontos y despistados pues, como parece que la luz verde y la luz roja no son suficientemente expresivas, se les ha añadido la silueta de un hombre caminando o parado. Tradicionalmente, este hombre caminaba decidido, siempre con traje y con sombrero de fieltro. Un tío elegante de verdad, un ejemplo de estilo para los transeúntes. No puedo precisar cuándo, pero un día aciago le quitaron el sombrero. Ningún diseñador es quién para despojar de una prenda tan clásica a un icono emblemático de la señalética. Y hace unos meses, ese caballero cabal y atlético fue sustituido por una ameba antropomorfa, ¡glups!, en dos versiones: con faldita o sin ella. Están los ciudadanos que trinan ante esta afrenta al patrimonio gráfico de la humanidad, aunque no todos están horrorizados, claro; habrá uno que lo esté celebrando en una playa caribeña y ése será el fabricante de los semáforos, al que le ha tocado la lotería gracias a una mal entendida corrección política de algún concejal. Y éste es el tema: hay que empezar a tomar en serio el diseño gráfico y respetar lo que ya tiene de patrimonio cultural y artístico. Cada vez que veo una ameba antropomorfa, sea "peatón" o "peatona", en verde o en rojo, me altero. Se nota que no fabrico semáforos. Venga, nos vemos.

La imagen corresponde a un fragmento de un cuadro de Juan Zurita.

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14/06/2008

Microgente

Aquí, en la Expo, todo es muy grande, muy amplio, muy alto y uno se siente pequeño, mínimo, reciclado en insignificancia. Todo es cuestión de proporciones y la Expo está pensada para multitudes y las multitudes engullen al individuo o, por lo menos, lo reducen. Reducción del individuo a mosquito del geranio: tema para artículo sesudo en publicación paracientífíca. Hola a todos, no sé si me oyen, es que soy muy pequeñito desde que paseo por Ranillas. Y ya que me siento objeto de microscopio, estoy cogiendo una afición tremenda a las maquetas. Nada como una maqueta para pillarte un atracón de autoestima en cuanto a volumen: alto x ancho x profundo (no de cerebro, aclaro). imagenMe planto delante de una maqueta en el Centro de Visitantes (Avda. de Ranillas con Pablo Ruiz Picasso) y allí me siento como un gigante: "Hola, soy King-Kong, ¡grrr!", digo con voz de trueno. Unos turistas de Palencia me miran extrañados, porque ellos también se sienten, en tamaño, como el Gran Gorila. Bueno, la maqueta se ilumina y podemos ver la Expo en colores. Es una maqueta minimalista, supermoderna, pero hay algo que no mola y es que no hay personas, muñequitos, como en las maquetas que yo miraba de niño en los escaparates de "El Tren Expreso", una tienda de mi barrio. Aquellas eran muy chulas porque había señoras que paseaban perros, militares con gorra de plato y caballeros que llevaban maletas; y niños y árboles y...
        El pabellón de Zaragoza tiene, como gran atracción, una maqueta total de la ciudad, de esa ciudad que ya no podremos conocer nunca ni a pie ni en bici ni en vehículo contaminante. Desde dentro del Gran Sueño de las Proporciones Cambiadas, miramos la maqueta y con el dedo señalamos la calle donde vivimos, el lugar de trabajo o nuestra parroquia. Fíjate: son calles sin gente caminando ni contenedores desbordados de basura, como las reales, pero tienen un tamaño tan reducido que me hacen sentir el rey del universo. Y eso es lo que necesitaba hoy, sinceramente.

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08/06/2008

Viaje mágico

Hola. Es obvio que hay dos Expos, una en la orilla izquierda del Ebro y otra, en la derecha; o sea que nos vamos a pasar el verano en los puentes. Que no sople el cierzo, por favor. Bueno, vamos al tema: es miércoles y se inaugura en la Lonja "Encrucijada de culturas", con la asistencia de la Infanta Doña Cristina y de su cónyuge. imagen Hay que ver esa exposición y hay que verla varias veces, no porque contenga innumerables cosas sino por la sensación mágica (aquí sí que pega hablar de magia) de estar viviendo un viaje en el tiempo. El tiempo, en este caso, es nada menos que veinte siglos de la Historia de Aragón y, por extensión, de la de España. Con inteligencia, se va llevando al visitante por un pasillo luminoso que comienza con estatuas y bronces romanos y acaba con una visión del Aragón multirracial y vitalista del siglo XXI. No hay muchas obras de arte, tan sólo las justas, para que nos sintamos absorbidos por la Historia sin pasar ningún agobio. Sólo hay que dejarse llevar y disfrutar de la experiencia. El mérito es de doña Carmen Iglesias, que es una sabia sensible y que ha querido, y ha conseguido, ponerse en el lugar de un visitante con curiosidad, no necesariamente con cultura.
        Pero el pueblo, también hay que decirlo, prefiere ver a la realeza en vivo a verla pintada al óleo y por eso el miércoles se agolpaba frente al Ayuntamiento para ver salir a la Infanta y a su cónyuge de una merendola que les habían dado. Cuando salieron, una señora a mi lado comentaba: "¡Pero qué divinamente le han dado las mechas en la pelu!" Parece un comentario chocante pero es acertado porque la realeza tiene que ir siempre impecable, que a los artistas y al pueblo les mola mogollón inmortalizarla, ya sea con los pinceles o con la cámara del móvil. La Infanta estuvo muy simpática con los concejales pero especialmente cariñosa con doña Carmen Iglesias. Eso está pero que muy bien, que ha de quedar claro que la Cultura siempre está por delante de la Política. Nos vemos.

La foto de Carmen Iglesias procede del periódico "El mundo".

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