21/09/2003

El ladrón accidental

Un viajante de comercio, unos novios, un opositor a notarías, una viuda desocupada. Todos ellos, huéspedes respetables de un hotel que, cuando se van, se llevan una o dos toallas de la habitación. En la cadena hotelera Holiday Inn, están tan hartos de que les roben las toallas, de reclamarlas, de enfrentarse a sus clientes por el tema, que han optado por convertir el problema en una positiva campaña de imagen: perdonan el robo a aquellos que les cuenten por qué fueron al hotel, qué hicieron durante su estancia y qué pasó con la toalla que mangaron. Es una idea simpática pero que no me vale. Hace seis meses me quitaron limpiamente 40 euros de la cartera. Si el que me los quitó me lee, que me los devuelva, que no me cuente una película, las cosas como son.
       Hace algún tiempo fui testigo de un hurto insólito en el vestuario de un polideportivo municipal. Cuando un chaval volvía de la ducha, se encontró con que le habían robado las zapatillas deportivas. En el duro invierno zaragozano, el pobre tuvo que ir a su casa con abrigo y chancletas. Dile al chaval que perdone al ladrón si éste le mete un rollo bien contado, ya verás a dónde te manda. Lo de Holiday Inn funciona bien a nivel de empresa, pero a nivel de persona humana es un fracaso total. No sé si ustedes tienen alguna vez esta pesadilla: vas en el autobús, un poner, y de repente, te das cuenta de que no llevas nada de ropa encima. Y la tierra no te traga, por más que quieras. Imagínate que ese sueño se convierte en realidad: en el bus todo el mundo te mira los pies metidos en unas chancletas de piscina porque, precisamente, ese día nieva. Eso no hay quien lo perdone, de verdad, a no ser que el ladrón te indemnice con un millón de dólares. Pero sería bonito que una historia bien dicha fuera moneda de curso legal, que un pijama valiera un cuento de Perrault, que la hipoteca se pagara contando por capítulos al constructor "En busca del tiempo perdido" o "Guerra y paz". Sería cansado pero muy bonito.

jmheraldo@hotmail.comHeraldo de Aragón | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"