07/09/2003

El macho inservible

Un hombre se pone en cuclillas, abre la lavadora y saca una prenda toda encogida y hecha un asco. Aterrorizado, eleva la vista para comprobar la cara que pone una mujer, probablemente su esposa, que está de pie, trajeada, observándole. La mujer, sin pensárselo dos veces, va directa al teléfono, marca un número y dice: "Quiero cambiar. No funciona". El hombre sonríe aliviado pensando que su señora se refiere al aparato, es decir, a la lavadora. Inocentón, inocentón. De repente, entran por la puerta cuatro matones estilo siciliano y se lo llevan a él. ¿A dónde? Me inquieta esa detención ilegal, ese secuestro estilo Pinochet. Mientras la mujer sonríe, el hombre se muere de miedo, y con razón, ante un destino desconocido.
       Acabo de contar un anuncio de los electrodomésticos Siemens, muy frecuente en la televisión estos días. Me pregunto qué pasaría si el hombre fuera el que llamara por teléfono y la mujer, la inútil a la que hubiera que dar el cambiazo. Pienso que no hay agencia publicitaria en el mundo que se atreviera a hacer ese anuncio. Imaginemos a una mujer que sólo es valorada si maneja bien una lavadora. Como no sabe manejarla, el marido no duda en pedir que "se la cambien", supongo que por otra mujer-chacha que le "funcione" mejor. Bueno, se montaría un pitote que ni te cuento. Pero el tema quizá sea otro: los creativos publicitarios quieren captar clientas para Siemens porque parten de un principio muy conservador: las mujeres son las que deciden, todavía, sobre qué electrodomésticos comprar. Y para alagarlas, les hacen identificarse con una déspota, que no duda en utilizar la violencia si el amo de casa no realiza las labores del hogar a su gusto. Los publicistas creen, pues, que asumir el papel y la imagen del macho troglodita es atractivo para las mujeres de hoy; que la liberación femenina consiste, más que nada, en convertirse en un garrulo autoritario y agresivo. Que me lo cambien, que no funciona. Me refiero al anuncio, o al mundo, no sé.

jmheraldo@hotmail.comHeraldo de Aragón | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"