31/08/2003

Versos al horno

Creo que nunca iré al restaurante que tiene Ferrán Adriá cerca de Rosas, aunque en el New York Times hayan escrito que se debe visitar al menos una vez en la vida. Tengo mis razones para no ir, la primera es que todas las mesas están reservadas hasta el 2006. Me niego a planificar una cena con tanto tiempo; pueden ocurrir mil cosas ese día, desde que esté incubando un catarro hasta que se me estropee el coche y a Rosas, sin coche se llega tarde y mal. Otra razón para no ir es que Adriá cultiva lo que se está llamando "la cocina poética". Yo es que soy de mucho comer y me da la sensación de que me voy a quedar con apetito después de haber pagado una fortuna. Por ejemplo, uno de sus platos más celebrados es el de "las cuatro almendras": una salada, otra ácida, otra amarga y otra dulce. Adriá dice que, entre almendra y almendra, hay que beber un sorbo de agua. Así captas los cuatro sabores esenciales. Yo, para mí, que comiendo eso, me quedo con hambre. No le quito mérito pero me conozco y sé que estaría después yendo a la cocina, una y otra vez, a comer galletas o pan con queso.
       A mí me gusta mucho la poesía, pero aparte, no en el guiso. Acepto que un trozo de ternasco al horno con patatas tiene mucha carne pero poca poesía. Eso no me impide comérmelo en absoluto porque una vez echada la cabezada de la digestión, me leo un libro de Cavafis y me quedo tan a gusto. Ciertamente, la poesía siempre ha estado presente en las recetas de cocina. Un poner, batir "una clara a punto de nieve" es una imagen digna de Rubén Darío. Y en una receta para preparar el mero, se dice que hay que freír la cebolla "hasta quitarle el orgullo". Ya sabía yo que la cebolla era muy puñetera y que no había nada más humillante que un bulbo te hiciera llorar tanto. Pero una cosa es leer poesía en los recetarios y otra, muy distinta, verla puesta en el centro del plato. Considerando, además, que el poema siempre acaba con un verso de lo más prosaico, la factura de Ferrán Adriá. Vale, nos vemos.

jmheraldo@hotmail.comHeraldo de Aragón | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"