27/07/2003

Estrellas de telecrimen

Un pacífico caballero se ha enfrentado a su vecino, un joven cartero, porque éste escuchaba música a todo volumen hasta altas horas de la madrugada. Ha habido palabras muy altas en el descansillo. Después, el caballero ha cogido una sandwichera y se la ha tirado al joven a la cabeza . El golpe ha sido certero, ha habido sangre, han acudido todos los demás vecinos y se ha montado un pitote considerable. Luego, una ambulancia ha trasladado al joven al hospital y la policía se ha llevado al agresor a comisaría.
       Naturalmente, las cámaras de la televisión ya estaban allí. Sin agresor ni víctima, los de la tele se han apresurado a interrogar a todo el que pululaba cerca. Una señora mira fijamente a la cámara: "Yo le conocía sólo de vista... pero era un hombre violento. Un día le dio una patada a mi perrito, que es un juguetón". Esta señora, diciendo esto, aparece dos veces en todos los telediarios y en los programas de sucesos. Así, al final del día, el agresor del cartero habrá dado unas diez patadas a perros. Miro a la señora y realmente la creo, aunque estoy seguro de que la patada iba dirigida a ella, pero el caballero erró y le dio al can. Después, las cámaras se dirigen al quiosquero, que está encantado de salir en la tele y muy sonriente dice: "Ha sido una sorpresa, este señor parecía incapaz de hacer daño a nadie. Todos los días me compraba el periódico y, de vez en cuando, me pedía Mundo Obrero". La presentadora repite: "El agresor es un hombre educado que compra Mundo Obrero habitualmente ". Esto se oye otras diez veces en 12 horas. Ahora sí que lo tenemos claro: el agresor es un peligroso mataperros marxista-leninista. Bueno, el tema es que a las tradicionales razones para no delinquir, como el miedo al averno o el miedo al trullo, hay que añadir el pánico a que personas que no nos conocen de nada hablen de nosotros sin fundamento y para toda España. Da repelús verlas chupando cámara, inaguantables en su protagonismo. Muy fuerte, de verdad.

jmheraldo@hotmail.comHeraldo de Aragón | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Querido Caos"