06/07/2003

Hipotecalandia

Marido y mujer ven en la tele cómo unas cuantas personas grotescas se gritan y se insultan sin parar. Marido y mujer nunca se gritan ni se insultan pero llevan casi dos años sin hablarse. Deberían separarse, ya que ellos son una pareja progre, muy partidaria de la separación cuando la convivencia no funciona, pero están atados por la hipoteca del piso, que no acaba hasta dentro de 12 años. Podrían venderlo y comprarse uno nuevo cada uno, pero para eso tendrían que endeudarse todavía más y no están por la labor. Ya se ve que lo que Dios ha unido, el hombre lo puede separar fácilmente pero con lo que ha unido la banca y el constructor, la cosa está más difícil.
        En el piso de abajo, un hombre de 28 años come un trozo de queso y apura un cubata. A él le gustaría salir con los amigos a sentarse en una terraza de la plaza de Santa Cruz y echar unas risas. Pero no puede salir porque con los 600 euros que le quedan de su sueldo después de pagar la hipoteca, a partir del 15 de cada mes está seco, o sea que tiene que ir a casa de sus padres a comer casi todos los días. Y eso que se metió en lo del piso porque ya no soportaba las comidas familiares.
        En el piso de abajo del hombre que vive solo, otro hombre muy joven pone la mano en el vientre abultado de su mujer. El niño que ella lleva dentro está dando unas patadas tremendas y el padre sonríe y dice: "A ver si nos sale un David Beckham". "No", salta ella, "yo quiero que sea músico". Quién sabe. Lo único que se sabe a ciencia cierta de los próximos 30 años es que cada mes llegará el recibo de la hipoteca del piso. La mayor parte de su futuro está escrita en una sucursal bancaria. Así está el tema.
        Estos cinco personajes que me he inventado, pero que existen, se asoman a la vez a la ventana y miran las obras del nuevo bloque en el solar de enfrente. Alguien ha comentado en la panadería que el piso más barato no bajará de 50 millones de antiguas pesetas. Eso les consuela un poco. Pero sólo un poco.

jmheraldo@hotmail.comHeraldo de Aragón | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Querido Caos"