24/04/2005

Cariño, he encogido los pisos

Lleva camisa de rayas y corbata; el nudo, torcido y flojo, indica que ese hombre viste así por obligación. Empezó de albañil, con su padre y su tío, y ahora es constructor. Llora un poco: dice que son malos tiempos para la construcción, que ya no se gana el dinero como antes. Echa la culpa a los promotores, odia a los promotores. Si le miras a la cara, deduces dos cosas: 1) tiene el colesterol alto y 2) sueña con reencarnarse en un pitbull. Ya como pitbull, se lanzaría a la yugular de un promotor.
       Lleva chaqueta de lino y camisa rosa sin corbata. Bronceado, con el pelo largo por la nuca, se sienta a tomar un cortado mientras juega con un teléfono móvil de última generación. Tiene 32 años y ya es supermillonario. Él y un amigo, que conoció en la facultad de derecho, compraron un primer solar. Alquilaron un despacho, contrataron a una secretaria y buscaron una empresa de albañilería para que les construyera un edificio de 21 pisos en aquel hueco de un barrio obrero. Entonces, el precio de la vivienda subió y subió. Y compraron otros dos solares. Ni él ni su amigo han pisado nunca un andamio pero ya son unos promotores de éxito.
       Lleva un traje azul y una blusa naranja que resalta el tono rojizo de su melena lacia. Mírala, a sus 45 años ya es ministra. María Antonia Trujillo encuentra muy monos unos pisos de 30 metros que ha visto en Barcelona, y ¡eureka! ha pensado que son una buena idea para abaratar la vivienda protegida. Esta idea, ejem, difiere un pelín de la que tenía cuando aceptó el cargo y que consistía en aportar suelo público gratuitamente a los promotores para edificar viviendas de 3 habitaciones, a unos 10 milloncetes de pesetas.
       El promotor mira la foto de la señora Trujillo y sonríe de felicidad; el constructor mira al promotor y piensa que, en una pelea, se lo liquidaría en 2 segundos; y unos novios reducen, mentalmente, los 75 metros de su futuro piso a 30. En la reducción, el ordenador ha aparecido encima de la nevera y la nevera, casi encima de ellos. Vaya yuyu.

El título parafrasea el de la película "¡Cariño, he encogido a los niños!". Publicado en Heraldo con el título "¡He encogido los pisos!".

jmheraldo@hotmail.comHeraldo de Aragón | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"