08/05/2005

El pirata inocente

Hola. Estoy leyendo un libro que me han prestado. Los libros prestados son los que leo más a gusto, especialmente los que tienen cosas escritas, pensamientos y rallujas, en los márgenes. Un libro manoseado es un libro leído y es un libro vivo. Al término de cada préstamo, el libro regresa a su dueño con el lomo un poco más oscurecido o, quizá, con una mancha de café nueva. Así, va adquiriendo las señales del tiempo y de la experiencia igual que el lector adquiere sus arrugas. Gracias a los préstamos hemos leído muchos más libros que los que hemos comprado. Desde aquí, muchas gracias a quien inventó el verbo prestar.
       Hola, otra vez. Ya no estoy leyendo. Ahora estoy sentado delante del ordenador, copiándome un disco que me ha dejado un amiguete. Cuando compré el ordenador me lo vendieron con un cacharro incorporado que copia discos y pelis a velocidad de vértigo. Desde aquí, muchas gracias a quien inventó el cacharro o a quien inventó el verbo copiar. Tengo ya un montón de discos copiados; por supuesto que también compro discos y se los dejo a mi amiguete para que se los copie. Antes, mi discoteca crecía al ritmo de un disco al mes; ahora, al de 10.
       Pero esto no gusta nada a los fabricantes de discos, que, a veces, son los mismos que fabrican los cacharros copiadores y, también, los discos vírgenes en los que vamos a hacer la copia. El capitalismo es complicado, de verdad, pero lo que está claro es que las empresas quieren servir a Dios y al diablo a la vez y sacar tajada de los dos. Uff, que se están pasando, vaya que sí. El cacharro para copiar es caro, los discos originales son caros y el disco virgen era barato hasta que decidieron aplicarle un "canon antipiratería". Hala, a pillar dinero por todos los lados. Pero, para colmo de cachondeo, ahora, a los discos originales les hacen un truco para que no se puedan copiar. ¿Se ha visto alguna vez un juego más contradictorio y más sucio?; ¿una manera más rotunda de tratar al consumidor como un pelele? Pues no, no se ha visto.

jmheraldo@hotmail.comHeraldo de Aragón | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"