15/05/2005

El gran impostor

El fallo está en algún momento del embarazo: al embrión no se le pregunta qué quiere ser de mayor. Es más, la mayoría de los seres humanos mueren sin haberse acercado jamás a lo que hubieran querido ser. El niño que soñaba con emular las gestas de Colón o de Admunsen es ahora un profesor de geografía a punto de jubilarse y quizá el hombre que pinta señales de tráfico sobre el asfalto de una autopista iba, según él, para ingeniero de caminos. En muchos casos, la vida acaba convirtiéndose en una gran decepción. Nos queda, eso sí, el consuelo de inventarnos otro yo, es decir, un personaje a la medida de nuestros deseos. El director de la Guardia Civil más conocido de los últimos 50 años, don Luís Roldán, se inventó un curriculum fetén en el que era licenciado en Económicas o similar cuando no había pisado la Universidad. El señor Carod Rovira, muy aficionado en privado, según se rumorea, al pescadito frito y a Rocío Jurado, se ha inventado un personaje de catalán anti-bata-de-cola cuyo objetivo político es acabar con la Feria de Andalucía en Barcelona. Quien más quien menos, todos terminamos creándonos un personaje que, con el paso del tiempo, se impone al que realmente somos.
       Me fascina Enric Marco, expresidente de la asociación Amical de Mauthausen, que durante 30 años ha sostenido la mentira de que estuvo internado en el campo de concentración nazi de Flossenburg. Enric Marco se escribió una obra de teatro, basada tanto en hechos reales como en películas de Hollywood sobre el holocausto, en la que él era el principal protagonista, y la representó con tal arte que la Generalitat le otorgó en 2001 la Cruz de San Jorge, en realidad, un Oscar al mejor actor. Hasta los diputados soltaron lágrimas al escuchar sus penalidades el pasado 27 de enero en el Congreso. Enric Marco queda reconocido, pues, como uno de los grandes impostores de nuestro tiempo. Admirable, considerando que el personaje que los demás nos inventamos generalmente no se lo cree nadie; con frecuencia, ni uno mismo.
       jmheraldo@hotmail.com

Este artículo pertenece a la sección "Las noticias me matan"