13/01/2002

Gastando

EL HOMBRE SE DIFERENCIA de los animales en que es un ser comprante. Eso, en enero, es una verdad científica irrebatible. Si no compras no es que no existas, pero sí que te pareces bastante a una ameba; conviene recordar que una ameba es algo así como una cococha pero en diminuto, o sea, una cosa muy, muy birria. Ahora todos los seres comprantes están comprando y son felices...¿son felices? El tema no está nada claro y para aclararlo me he venido aquí, al centro comercial Augusta, que está lleno de gente que gasta euros y come patatas fritas. Ahora mismo informo, no se impacienten.
       En un día de rebajas, al comprador le invade la excitación propia, muy natural, de estar al borde mismo de una orgía de capitalismo salvaje, entendido éste como un "compro lo que yo quiera porque para eso tengo tarjeta". Y así es: busca, revuelve, soba el producto, se lo queda y se encamina a la caja. En su cara hay una sonrisa a lo Julia Roberts (unos 15 cms, me parece) y no para de hablar, de canturrear, da gusto verle. Una vez en la caja, y cuando le colocan delante el papelito de la tarjeta para firmar, se pone serio, un poco solemne y un poco atontado a la vez; se ha hecho un vacío anímico, un silencio metafísico, una cosa muy rara. Cuando sale de la tienda con los paquetes, ya no hace chistes y se le caen un poco los mofletes. Resumiendo, en una sesión de consumo loco hay tres fases: 1) la compra, con cara de "me siento muy realizado y el mundo es mío"; 2) el pago, con cara de huevo y 3) la salida, con cara de "voy a bordo del Titanic y estoy viendo un iceberg muy bonito a pocos metros". Bueno, les aviso: el sábado que viene seguiré gastando (e investigando sobre el alma comprante), pero en Grancasa. Nos vemos.

jmheraldo@hotmail.comHeraldo de Aragón | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Querido Caos"