24/02/2002

Mi agente

CUANDO NOS PONEMOS MANDONES, cuando vociferamos porque nos creemos los más justos, se dice que nos sale el policía que todos llevamos dentro. Y se dice con fundamento: la Universidad de Sabiduría Popular tiene una Facultad de Sociología que, en su informe anual, reafirma que cada españolito contiene un señor guardia. ¡Todo el mundo a callar, he dicho, leñe!. Pero nadie quiere hablar del tema; parece como si diera corte admitir tal cosa. Vale, de acuerdo, es algo íntimo, pero yo voy a hablar de mi poli: lo llevo en mi interior desde que ingresó en la Local a los 25 años, y ya tiene 34. Al principio era un tío que se comía el mundo, un pedazo de vocación: democrático, ejemplar y valiente. Pero últimamente me preocupa porque se hace el longuis, vaguea y le está dando a la cerveza (así que yo me levanto a veces con una buena resaca). Cada vez que suena su móvil (¡alarma!) se me mueven un poco las tripas (con perdón) pero luego la cosa se queda en nada: "lo siento, pero es que ahora estamos cambiando de turno; pasaré el aviso a un compañero, señora", le oigo decir muy cerca de mi vesícula. Ayer mismo, pasamos por delante de un coche aparcado encima de la acera con cuatro pastilleros conectados a Radiotrueno 83.2 FM y me da un puntapié en el bazo y me manda: "Tú, sigue, no mires", y al rato, me da otro, "Párate aquí", y multa a una conductora madurita por no haber pasado la ITV. Yo le regaño a mi poli y le digo cosas que le duelen, como "Te vas a convertir en un Torrente, tío". Y él se me rebota: "No me rayes, que si me salgo de ti, te achantará el primer pardillo que te grite" Pronto, han dicho, habrá 4.275 policías nuevos. Va siendo hora de que cambie al mío por otro. ¿Querrá él dejarme?

Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"