10/03/2002

Una tarde en casa

YA NO SE PUEDE SALIR A PASEAR POR ZARAGOZA porque es más que posible que te caigas a un socavón y además, según la edad que tengas, podrían confundirte con un busto romano. Lo mejor, pues, es quedarse en casa. No es problema porque me gustan mucho la música y la lectura... ¿qué tal las suites para cello solo de Bach? Y para leer, quizá una biografía de Freud de un tal Louis Breger. Pero lo que hago, y no tengo que dar explicaciones, es encender la tele. Sale la exmujer de Nosé Quién porque se acaba de hacer una lipodepilación de la curcusilla. La periodista le pregunta si ya está recuperada de la curcusilla y ella contesta que sí, que ahora sólo piensa en volver a su trabajo. A continuación viene la publicidad y, como tengo estudios, me siento obligado a pasarme a la 2. Como me temía, lo de la 2 es mortal de ensoparse: por unos secarrales corretean unos dromedarios. Es verdad que los dromedarios tienen una joroba pero ni se divorcian ni se pegan. No me molan nada los secarrales y los dromedarios me están dando muy mal rollo. Menos mal que Ana Rosa Quintana ha vuelto y ahora entrevista a una señorita que quiere ser actriz. El motivo es que la señorita se ha operado, ejem, los pechos. La señorita que quiere ser actriz aclara que no se los ha operado para hacérselos más grandes sino por prescripción facultativa, ya que tenía el tabique nasal desviado. Observo que el periodismo de entretenimiento va por la vía quirúrgica. Este periódico ha iniciado unas crónicas de sociedad locales que tratan mayormente de homenajes y cenas benéficas. Por ahí no se va a ningún lado. Lo que nos interesa de los famosos de aquí es otra cosa, como pillar a nuestro alcalde a la salida del podólogo. Es un poner, nada más.

Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"