21/04/2002

La suerte

Un señor que tiene tierras en Epila ha venido a Zaragoza por cosas de bancos. No es mayor pero ya no es joven; de eso se dio cuenta la semana pasada y anda, desde entonces, un poco confuso. Una señorita está mirando extasiada un escaparate con ropa de novia en pleno paseo de Independencia. Esta señorita querría casarse enseguida pero tiene un novio que se lo está pensando mucho y no arranca. En el escaparate hay tres vestidos blancos puestos en unas maniquíes opalinas; puro surrealismo en el escenario muy Hazañas Bélicas que hay alrededor. La señorita que querría casarse enseguida se imagina a sí misma guapa-que-te-cagas avanzando por el pasillo central de San Carlos, y está tan metida en la ceremonia que no se da cuenta de que, a su espalda, un tío en chándal le está abriendo el bolso y sacándole un monedero muy bonito, regalo de su novio. El tío en chándal se aleja bien contento, porque no todos los días reparte la vida tanta suerte. La señorita camina hasta la plaza de España y se mete en una cafetería que tiene nombre italiano. Pide un café con leche y sacarina y cuatro churros. Y cuando va a pagar, no encuentra el monedero, así de crudo. Muy azarada se enfrenta a los hechos con una camarera que pasa de todo (porque al día siguiente se le acaba el minicontrato temporal) Pero al lado de la señorita cuyo monedero voló, hay un señor de Epila, que insiste en invitarla. El hombre la mira tiernamente porque querría casarse enseguida, ya que la semana pasada se dio cuenta de que ya no era joven. Yo sé el final de la historia pero no me da la gana contarlo. Y es que con la ciudad patas arriba, me levanto torcido más de un día. Lo siento de veras.

Una pequeña referencia, al final del artículo, a las obras del renovación del Paseo de la Independencia de Zaragoza.

jmheraldo@hotmail.comHeraldo de Aragón | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Querido Caos"