23/06/2002

El 38

Hola, voy en un bus de la línea 38. Mogollón de gente, pero que conste que el personal usa buenos desodorantes. Aquí, al lado, hay un caballero con muy mala cara, para mí que acaba de separarse. Toda separación es un trauma y los traumas se te comen la sonrisa, digan lo que digan. Este caballero que acaba de separarse se agarra de la barra como quien se aferra a una rama al caer por un acantilado. A unos 5 centímetros de nosotros hay dos señoras despellejando a otra señora que, naturalmente, no está aquí. Es mala, mala, dicen. Me entran muchas ganas de conocer a la mala, porque las malas tienen su punto y dan más juego. Pero no todo va a ser negativo. Detrás de mí oigo a otra señora cómo da a no sé quién una receta con cardo. Y cortas el cardo y lo pones en capas y echas almendras y... Bueno, en el bus 38 empieza a oler a cardo que da gusto, porque no hay nada como contar las cosas bien. El 38 pasa por delante de la Puerta del Carmen, muy dañada en la Guerra de la Independencia, y los pasajeros nos agachamos instintivamente (en un acto reflejo de la memoria histórica) no vaya a volar todavía alguna bala perdida del ejército napoleónico. Aquí cada vez huele más a cardo. El caballero con cara triste me suelta: "Oiga, listillo, que yo no me he separado, que llevo dos años casado y soy muy feliz. Lo que pasa es que nuestro niño nos ha dado muy mala noche". La cosa está clara: en el 38 la gente tiene poderes y te lee el pensamiento, ¡¡glups!! El conductor del bus, a pesar de los atascos y de los conductores-petardo, brruum, piiiiiiii, brruum, piiiiiiiiii, ha llevado a ochenta personas, sanas y salvas, a su destino: un héroe, un Luke Skywalker, en Zaragoza.

jmheraldo@hotmail.comHeraldo de Aragón | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Trayectos"