15/01/2006

La ciudad como sentimiento

Hola. Estoy en el rastro, al lado del campo de fútbol de la Romareda, y esto, para qué nos vamos a engañar, no es un rastro sino un hipermercado ambulante. A este rastro que no es rastro algunos le llaman mercadillo y tampoco es un mercadillo, porque tiene más de 400 puestos, o sea que es un mercadón, para qué engañarnos, insisto. Un rastro es otra cosa, es un mercado callejero de cosas que no quieren el abandono porque han tenido dueño durante mucho tiempo, es decir, es un mercado de cosas con alma.
       imagenRamón Gómez de la Serna encontró en el rastro de Madrid un paraíso en el que salían metáforas hasta de las bocas de riego y se vio obligado a escribir, allá por 1914, un librito, "El rastro", que convirtió el barrio que va de la Plaza Mayor hasta la Puerta de Toledo en un territorio mítico para literatos, carteristas, madrileños en busca de gangas y turistas tras la esencia de lo castizo.
       Comparemos, que es odioso: el mercadillo de la Romareda inspira poca literatura porque es difícil encontrar metáforas entre ropa nueva o ropa de saldo, entre cosas sin alma. Este hipermercado ambulante ni ha dado carácter al barrio, como sí se lo ha dado el fútbol, ni iba a aportar nada, a no ser 2 toneladas de basura, al parque Primo de Rivera, donde don Alberto Belloch, alcalde de Zaragoza, estaba decidido a trasladarlo. A don Alberto, los ciudadanos se le han puesto levantiscos porque no quieren mercaderes en su templo verde, no quieren montones de chandals ni pilas de calzoncillos en sus claustros de platanares. Los zaragozanos han defendido un parque hermoso y maltratado en una ciudad que quieren y sienten. Quizá el alcalde estaba preparado para una reacción política, dirigida por adversarios de despacho, pero no para una tan emocional, que estallara en la misma calle. Y pienso que ha quedado herido. No por no salirse con la suya, no, que no es una cuestion de amor propio, sino por ese mensaje que le han enviado: de vivir en una ciudad, o estar empadronado en ella, a sentirla, hay todo un trecho.

El pasado diciembre y este enero han sido meses de un enfrentamiento, soterrado al principio pero abierto después, entre el Ayuntamiento y los zaragozanos con motivo del traslado del mercado ambulante de las proximidades del campo de fútbol al paseo principal del Parque de Primo de Rivera, el más grande y más antiguo de la ciudad. El Ayuntamiento ha dado marcha atrás pero el tema ha quedado como una metedura de pata, que indica falta de sensibilidad y, sobre todo, desconocimiento de las raíces sociales y culturales de la ciudad de Zaragoza.
       Fotografía: Ramón Gómez de la Serna

Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"