22/01/2006

Veinte años europeos

Hola. Aquí me tienen, recordando París, como si no tuviera otra cosa que hacer. Pues si, me veo en los Campos Elíseos hace bastantes años, muy pequeño y muy paleto. imagenAquella ciudad deslumbraba: todo era más limpio, más moderno, más bonito que en España. Marcado por un complejo de vecino pobre, el viajero español sentía miedo por hacer mal cosas mínimas como llamar por teléfono desde una cabina o viajar en metro. O sea, miedo a quedar en evidencia, a exteriorizar la paletez. Aunque se nos notaba que éramos españoles desde muy lejos, nuestra principal preocupación era que eso no pasara. Mi primer viaje a París fue mi primer viaje a Europa y, como español, servidor no era europeo. Algo injusto e inaceptable, porque sentir, lo que se dice sentir, uno se sentía tan europeo como cualquiera de Pau, faltaría más. Es verdad que los franceses nos miraban como por encima del hombro; para ellos, éramos gente un pelín bruta y que olía, ¡ufff!, a ajo.
        Veinte años después, el ajo se ha puesto de moda y los franceses nos admiran. Ahora dices que eres español y el francés que te escucha se pone a hablar de lo mal que va su país. "¡Ah, l'Espagne!", suspira. El viejo europeo asocia nuestras ciudades a un paraíso donde se ha encontrado el perfecto equilibrio entre trabajo y ocio, lleno de gente activa, alegre y sociable, que ha dado con la fórmula de la buena vida. No es extraño que piensen así porque las viejas urbes europeas sólo parecen ciudades en horas de oficina. Probablemente exagero, pero a partir de las 7 de la tarde, las ciudades se cierran, en un encierro interior cargado de silencio y penumbra. Veinte años después de nuestro ingreso en Europa, España vende algo tan intangible como es un estilo de vida. Pero lo intangible es, por naturaleza, frágil. Por eso da miedo el que abran tantos centros comerciales en las periferias. Allí se irán las tiendas y los cines y la gente y la vida. Y el corazón de la ciudad española parecerá una oficina. Que cierra a las 7. Como en la vieja Europa. Triste. Nos vemos.

jmheraldo@hotmail.comHeraldo de Aragón | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"