05/03/2006

La tecnocaducidad

Hola. Un disgusto. Y aunque sea un disgusto particular, creo que hay que contarlo. El tema es que yo tenía un teléfono móvil estupendo, de una marca muy conocida. Después de cuatro años, el móvil empezó a apagarse continuamente y lo llevé a la tienda para repararlo. El dependiente miró el móvil, lo abrió y me soltó: "Se le ha muerto la pila." Les aseguro que no me eché a llorar pero creo que el dependiente tenía que habérmelo dicho con más delicadeza. "Se le ha muerto la pila", me dijo, creo recordar, con una sonrisilla ladeada. Y es que yo le había cogido cariño a ese teléfono. Confieso que pertenezco a ese grupo de españoles que piensan que el mundo se vuelve enormemente complicado cuando hay que empezar a apretar teclas, por eso cogí cariño a un teléfono con el que pasé horas aprendiendo a escribir mensajes, algo que los adolescentes hacen con un solo dedo y sin mirar. Y nada más aprender, se muere la pila, ya es casualidad. "Oiga, pues me ponga una pila nueva", le dije al del mostrador. El pronunció su sonrisilla ladeada y me informó, con esa crudeza que le caracterizaba: "¡Uy, qué va! Ya no se fabrican esas pilas... Tendrá que comprar un teléfono nuevo. Lo siento" Agradecí el "lo siento" y salí de la tienda pensando lo de siempre, que no me gusta la sociedad de consumo, que este sistema del usar y tirar es un engaño, una especie de timo continuado y consentido, además de peligroso.
        Coincide este incidente particular, el fallecimiento de la pila de mi móvil, con la publicación casi simultánea de varios artículos de pensadores y otra gente de sentido común en contra de esta sociedad que fabrica incesantemente objetos "para ser vendidos, no usados ni disfrutados", en palabras del arquitecto Juli Capella; objetos que, con alevosía, son convertidos en anticuados por otros falsamente innovadores. Lo que da realmente miedo es la cantidad de basura que estamos vertiendo sobre nuestro planeta; nada se repara, todo se usa y se tira...Y cuando al planeta se le muera la pila, ¿dónde compramos otro?

En poco mas de 2 semanas han coincidido en la prensa (El País) artículos de Rubert de Ventós (filósofo), Juli Capella (arquitecto) y Fernando Trías de Bes (profesor de ESADE) sobre la caducidad intencionada de la tecnólogía y la industria de los aparatos efímeros como una de las enfermedades sociales de nuestro siglo.

jmheraldo@hotmail.comHeraldo de Aragón | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"