12/03/2006

Contra el cuerpo. Modelos, anorexia y el doctor Frankestein

Hola. Escucho en la radio una tertulia sobre la posible relación de causa y efecto entre la anorexia y las modelos-palillo de los desfiles de moda. La anorexia es una enfermedad terrible que destroza familias: tarda en descubrirse, el enfermo se resiste al tratamiento y aunque la recuperación es posible, puede haber recaídas. Una tragedia. Adolescentes normales, de familias normales, empiezan a dejar de comer sin ninguna explicación y acaba produciéndose una distorsión en la percepción del propio cuerpo y por muy delgadas que estén, se ven con sobrepeso. No creo que las modelos de talla 34 sean tan influyentes como dicen en este trastorno, pero es evidente que maldita gracia tiene que hacer a las familias ver cómo se enaltece en la pasarela lo que en casa es fuente de desdicha.
        Y es que la relación del ser humano con su cuerpo siempre ha sido difícil (recuerdo a mi abuela contar cómo las jóvenes de su tiempo bebían vinagre para estar ojerosas, dejándose el estómago hecho un colador) pero en las últimas décadas, esta relación se ha convertido en pésima. Ahora mismo, hay hombres que no salen del gimnasio a cambio de un crecimiento anormal de sus músculos; parece increíble pero es verdad que muchos negros ricos se empeñan en clarear su piel; y son innumerables las mujeres infelices por pasarse la vida haciendo régimen. El tema es, creo, que poco a poco se nos ha convencido de que somos responsables de nuestro propio cuerpo. Ahí está el problema, porque cuando se da la responsabilidad, se da también la culpa: soy negro porque no puedo pagarme un tratamiento blanqueador, soy gordo porque como demasiado y soy feo o envejezco porque no me opero. Etcétera. Creemos que se ha producido una revolución estética pero sólo es ética: nos han convertido en una especie de doctor Frankestein, en unos ilusos que se creen capaces de fabricar su cuerpo, olvidándose de las leyes naturales y de si mismos. Y no está de más recordar que al doctor Frankestein le salió, finalmente, un monstruo. Nos vemos.
       *Si te ha interesado este artículo, puede que también te interese este: En las ruinas del respeto

jmheraldo@hotmail.comHeraldo de Aragón | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"