02/04/2006

El precio que tenemos

Hola. No estoy para nadie. Vaya soponcio que me acabo de dar. Nada va a ser igual a partir de hoy, que he sabido lo que valgo en dólares, que es casi nada. Como lo oyen, vengo de enterarme de mi precio en el mercado. No es que quiera ponerme en venta, pero si quisiera, tendría que ser en la sección de oportunidades de un todo-a-cien. Se me ha ocurrido entrar en una página americana de Internet, www.humanforsale.com (humanoenventa punto com), en la que, después de someterte a un largo pero muy rotundo interrogatorio, te dicen tu valor en dólares como persona. Te preguntan de todo. Una pregunta que no me ha hecho gracia ha sido la de si me estaba quedando calvo. También hay preguntas sobre las enfermedades de tu familia, tu sentido del humor o tus hábitos; y sobre el tamaño, ejem, de la "cosa" en los hombres y sobre la talla del sujetador en las mujeres. Pura indiscreción; naturalmente no vamos a entrar en detalles. Luego, el interrogatorio continúa y te preguntan por tus estudios o por cuántos idiomas hablas. En fin, una vez rellenos todos los datos que piden (con alguna mentirijilla, es inevitable) le doy a la tecla y se los envío a esos misteriosos tasadores yankis de la persona humana. Inmediatamente, recibo mi precio exacto en dólares y centavos. Esa exactitud me pone malo, sobre todo cuando veo que la cifra que por mi se podría pagar es irrisoria. Una sorpresa: por estar quedándome calvo, mi precio aumenta en 5.000 dólares. Y un disgusto anunciado: por ser profesor, ni un céntimo. Ya sabía que la enseñanza como profesión no se valoraba nada en España, pero en Estados Unidos, no se, podría valer dos dólares, un euro y medio, algo, digo yo.
        El tema es que ahora no puedo dejar de pensar en la gente como personas en venta: ¿Cuánto podría valer el señor Carod, ese icono del tardonacionalismo? Me consta que habla dos lenguas, aunque el lo disimule, pero tiene un sentido del humor justito. Y mi vecina Visi, ¿cuál es la talla de su wonderbra? Bueno, nos vemos. A pasar buen domingo.

Este artículo pertenece a la sección "Querido Caos"