23/07/2006

Por puro azar, Auster

Hola. Paso por delante de una papelería y no puedo evitar entrar en ella y es que siempre he sentido una atracción especial por este tipo de tienda. No sé qué tiene de singularmente atractivo pero supongo que es el orden con que están colocados los objetos: hileras de contenedores con bolígrafos o portaminas, estantes con etiquetas colocadas por tamaños, pilas de cuadernos, cajitas de clips, paquetes de sobres... ¿Y qué me dicen del color, que va desde los tonos pastel hasta los más vivos? Pero quizá no sea ni el orden ni el colorido sino el olor lo que atrae. Ese olor a papel, a madera y a goma de borrar; un olor tan limpio que recuerda el primer día de escuela, ese día de otoño en que todo empieza. Y acabo comprando algo que no necesito pero que siempre me ha llamado la atención: un lápiz con dos puntas, una roja y otra azul, de perfecta simetría. También compro un sacapuntas metálico y cuando salgo de la tienda con mi pequeña bolsa, tropiezo con un hombre de origen chino, que se deshace en disculpas; pienso que excesivas por tan leve tropezón.
        Unos minutos más tarde, entro en una librería del centro, buscando más el aire acondicionado que la cultura, si he de ser sincero, dados los 40 grados de este día de julio. Pero la vista se me va hacia una novela con la imagen nocturna del puente de Brooklyn en la portada. Y la empiezo a leer... Para mi sorpresa, al principio de la historia, el narrador describe con todo detalle su visita a ¡una papelería! Y explica su fascinación por este comercio en tales términos que me siento inmediatamente identificado con él. Sigo leyendo y resulta que el dueño de la papelería es chino y ¡su descripción física coincide con la del hombre con quien yo acababa de tropezar! Algo inquieto, adquirí el libro, llamado "La noche del oráculo", pues supuse que estaba obligado a ello, aunque no crea del todo que "el mundo esté gobernado por el azar", como dice su autor, Paul Auster, último premio Príncipe de Asturias de las Letras. Bueno, ya está contado; nos vemos.

Este artículo pertenece a la sección "Culturland"