10/09/2006

Pobrecitos lujoréxicos

Hola. Una anécdota: estaba yo sentado en una cafetería, cuando me fijé en la mesa de al lado, donde unas señoras muy elegantonas charlaban animadas de no se qué, no me pregunten, mientras eran interrumpidas constantemente por una niña de unos 7 años, sin duda hija de una de ellas, que recitaba sin parar un listado de marcas de lujo: "Dior, Gucci, Rolex, Loewe, Prada, Chanel..." Por lo menos 30 marcas, una detrás de otra, sin confundirse, igual que un niño futbolero podría soltar la alineación del Barça o del Real Madrid. Esa niña, la verdad, daba un poco de miedo. No el miedo que me daría la niña del exorcista sino otra clase de miedo que no podría explicar. Me la imaginé con 20 años más, esposa de un empresario, paseando satisfecha al mediodía por las joyerías de un barrio fino, oliendo a un perfume muy especial, el del dinero. imagenTambién hay personas muy ricas que no despiden ese olor, que son discretas en su opulencia, y es que la diferencia entre unas y otras es una nueva enfermedad: la lujorexia. Si uno mira a Victoria Beckham, que fletó un avión privado para ir de rebajas a Niza, se da cuenta de que la enfermedad es grave, más que nada por la hiperhorterez que provoca. Pero detrás de las lujoréxicas famosas hay, según el periódico inglés "The Daily Mail", un número creciente de víctimas del lujo, que tratan de quitarse la adicción con la ayuda de carísimos psiquiatras. Son mujeres y hombres que entran en las tiendas más exclusivas, nerviosos y babeantes, en busca de nuevos objetos de precio prohibitivo, cuya posesión calmará su ansiedad.
        No hace falta que diga que mi vecina la Visi, cuya pasión por estar a la última es muy conocida en el barrio, ya es lujoréxica, aunque de una variante entrañable, la del "lujo mantero". Ayer nos enseñó un bolso de Louis Vuitton que le había comprado a un senegalés en Cambrils por 10 euros. "¿A que parece de verdad?" Como aquí, en el bloque, nadie ha visto un bolso de Vuitton auténtico, le dijimos que sí. Y se fue tan contenta. Bueno, nos vemos.

La imagen corresponde a un reloj de la casa Chanel.

Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"