05/09/2004

Verano fugaz con foto

Hola. El tema es que nadie nos dijo que el verano duraba tan sólo un segundo. Ahora, el verano es una gota de agua salada a punto de evaporarse en la piel de septiembre. De niño, los veranos eran eternos. Las siestas, por ejemplo, eran demasiado largas pero, hmm, los atardeceres no acababan nunca. Es más, creíamos que iba a ser verano para siempre. Pero no, la vida, vaya, está llena de inviernos y de facturas y de lunes. O sea, la vida.
       Duraron, pues, un segundo estos meses pasados pero ocurrió algo: murió Henri Cartier Bresson. Los nombres de los fotógrafos nos suenan mucho menos que los de los pintores y es que todavía no se valora la fotografía, así, a nivel de calle, diría yo. Servidor tampoco la valoraba mucho hasta que un día vio una foto de un chaval que llevaba una botella de vino en cada brazo por una calle de París. El título de la foto era "Rue Mouffetard". La calle Mouffetard, en el distrito V, tiene un mercado al aire libre de verduras y quesos que da gusto visitar porque es el París típico pero no turístico. Bueno, pues Cartier Bresson hizo esa foto en 1954 y, al verla, descubrí cómo, al fijar un instante en la vida de un crío, había pintado la niñez esencial, la niñez de todos, no sólo como una etapa de la vida sino como un estado del corazón. El chaval camina orgulloso porque llevar el vino en los brazos le hace parecer adulto o quizá porque indica que en su casa ya hay pasta para darse caprichos, no importa la razón... él se come el mundo esa mañana del 54. La vida va a ser siempre verano.
       El ojo que tenía Cartier Bresson para captar los instantes del alma no lo ha tenido nadie más. Miento, quizá el único que pueda estar a su nivel sea un contemporáneo suyo, el fotógrafo, también francés, Robert Doisneau. Doisneau, fallecido hace 10 años, tenía más sentido del humor y era más poético, pero, ay, no hizo esa obra maestra del niño llevando el vino. Bueno, pues eso, que el verano de 2004, el de la muerte de Cartier Bresson, ya se ha pasado. Y en un plis-plas, te digo.

Este artículo pertenece a la sección "Culturland"