08/04/2007

Cierto olor a dicha

En una lujosa tienda del centro, una señora paga 3.000 euros por un bolso de piel marrón con la marca muy visible en el frente. La señora acaricia el bolso y esboza una sonrisa de felicidad irreprimible. El dependiente, que sabe de sonrisas un montón, le acompaña a la puerta y en ese momento, los ojos de él y de ella se cruzan. Digamos que el vendedor es el chofer que la ha llevado hasta la misma felicidad y la clienta se lo agradece con un gesto cómplice. Son dos seres que conocen los beneficios terapéuticos del consumo de alto nivel. Aunque él no es más que un oficiante, una especie de farmacéutico que expendiera remedios para almas cansadas.
        Hablemos ahora del dependiente, que gana un sueldo de 1.100 euros mensuales. Cuando recibe su nómina, no piensa en el precio de los bolsos de piel marrón que tanto vende. No, tampoco tiene ninguna reacción de malestar social ante la clientela con la que trata. Es un hombre que conoce y acepta las reglas del capitalismo de calle. Aspira a ser rico un día para poder consumir más y mejor porque el dinero en sí mismo no proporciona la felicidad, pero facilita el consumo. El consumo sí que da dicha y euforia.
        Este dependiente se compró un coche el año pasado. No ha terminado de pagarlo y ya desea otro más potente y menos utilitario. Estaba muy contento cuando estrenó el que tiene pero ahora ya ni lo lava y, cuando se mete en él, echa siempre un vistazo a los que están aparcados alrededor. Alrededor siempre hay uno mejor, propiedad de un desconocido con más suerte en la vida. No, no se pone triste; quizá se ponga de mal humor, no sé.
        Hablemos ahora de la clienta que compró un bolso de 3.000 euros. Un mes después, podemos verla delante del escaparate de la misma tienda mirando los modelos expuestos. Se ha fijado en uno de cuero negro y cierre de plata. Duda un poco, entra y lo compra. El vendedor sonríe y la clienta, también. Saben por qué sonríen: a su manera, ambos están disfrutando de ese aroma especial de la felicidad efímera.

jmheraldo@hotmail.comHeraldo de Aragón | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Querido Caos"