15/04/2007

Tránsito de sospecha

Hola. El mundo ya no es lo que era y los aeropuertos, menos. Pensemos en un aeropuerto hace 5 años... Creo que era como una estación de tren pero a lo bestia; un espacio nítido lleno de tiendas con estanterías repletas de chocolatinas supergrandes y mogollón de gente con cara de buen rollito, que es la cara que hay que poner cuando se inicia un viaje porque el futuro próximo es, de entrada, mejor o, por lo menos, distinto. El viaje en avión tenía un plus de aventura y otro plus de glamour: la sonrisa de las azafatas, la voz del piloto: "Estamos volando a 7.000 metros y el tiempo es bueno. Aterrizaremos en Paris dentro de 30 minutos". Y era verdad; una verdad parecida a un sueño: uno estaba encima de las nubes y al poco rato, debajo del Arco del Triunfo. imagen
       Uff, cómo ha cambiado el tema: ahora ya no se viaja entre ciudades sino entre aeropuertos, lo que es toda una peripecia. Aquellos espacios de placentero tránsito se han convertido en territorios de zozobra, en los que el viajero circula estresado entre la inocencia y la culpa, dado que nada más pisarlos, recae sobre él la sospecha del delito; y eso, únicamente por hacer lo que debe, que no es otra cosa que viajar. ¿Es viajar una antesala del crimen, una perversión, un acto antisistema? Hola, esto es la fila para entrar en la zona de embarque y les cuento un poco por encima: 1) A una señorita de Utiel, con destino a Bruselas, le hacen descalzarse, poner todas sus pertenencias en una bandeja (entre ellas, un llavero con la Virgen de los Desamparados) y, finalmente, la cachean; 2) a un señor de Fuenlabrada le hacen quitarse el cinturón (y el pantalón se le cae un poco, lo que le resta prestancia), y le cachean; y 3) un policía joven es el que se encarga de cachear al señor de Fuenlabrada y pone cara de "a ver cuando cambio de oficio que esto no es lo que me enseñaron en la academia". Cuando el personal sube al avión, ya está agotado y maltrecho. Y es que lo más duro para un inocente es probar su inocencia. Nos vemos.

jmheraldo@hotmail.comHeraldo de Aragón | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"