13/05/2007

La gloria del apuntador

Dicen que Sarkozy debe su éxito en las elecciones presidenciales francesas a un escritor segundón, un tal Henri Guaino. Para escribirle los discursos a Sarkozy, Guaino se propuso descubrir la persona humana que había en el fondo del político, ya que los políticos suelen convertirse en personas humanas únicamente en la intimidad, o sea en el cuarto de baño, y después de salir de copichuelas juntos, encontró algo de ternura en ese hombre aparentemente duro y soberbio. Y a partir de ahí, creó un personaje llamado también Nicolás Sarkozy. Es el personaje el que ha ganado las elecciones y, una vez ganadas, al personaje se le meterá en el armario junto con la ropa de invierno y las pastillas de alcanfor hasta las nuevas elecciones. Pero el escritor ya ha triunfado con su obra de ficción. Y no deja de ser envidiable el triunfo de ese apuntador que dicta al héroe lo que ha de decir en los momentos clave, porque ser héroe es, sobre todo, muy pesado. Ahora mismo, a Sarkozy se le ha criticado porque se ha ido 2 días de vacaciones en el yate de un amiguete. Mientras, Guaino podría estar pegándose unas vacaciones de 2 semanas en otro yate de otro amiguete y nadie le diría nada.
        Henri Guaino me ha recordado a Alastair Campbell, un periodista escocés que se convirtió en influyente jefe de prensa de Tony Blair. Fue el autor de la sentida declaración pública del Primer Ministro a raíz de la muerte de Diana de Gales. Una frase suya, "ella fue la Princesa del Pueblo", alzó a Blair a la cima de la popularidad. Es verdad que Blair se aprendió el breve discurso admirablemente, con sus pausas y sus pucheros oportunamente colocados, pero fue el periodista el que tuvo un subidón de gloria al comprobar el efecto de sus palabras en miles de británicos inmóviles por la emoción. Esta misma semana Blair se ha despedido del Poder, en plan árbol caído, y no me da pena él sino Campbell: el tiempo le ha demostrado que había escrito una novela vulgar con un personaje mediocre. Lástima.

jmheraldo@hotmail.comHeraldo de Aragón | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Las noticias me matan"