20/05/2007

El capitán Haddock.

Hola. El señor George Rémi, más conocido como Hergé, nació en Bélgica en 1907 y ahora, como suele pasar, está totalmente calvo. Pero Tíntín, el personaje que él dibujó, conserva su mítico tupé sin despeinar. Tintín sigue siendo ese reportero intrépido metido a detective en un mundo de extraña perfección; y los niños, los adolescentes y los adultos, vayan de enteradillos o no, le adoran. Aunque, si he de ser sincero, mi ídolo ha sido siempre su fiel amigo, el capitán Haddock. imagen Y ahora que uno ha perdido casi toda la inocencia, puede permitirse reflexionar sobre unos tebeos que leía con ciega entrega y ponerse a analizar ciertas cosas que antes aceptaba sin resistencia. Por ejemplo, los espacios por donde corre Tintín están llenos de luz y de sol pero carecen de sombras. Es un mundo tan alegre el suyo y, sin embargo, sería insoportable vivir en uno real que fuera así. Me imagino la paranoia que nos entraría si comprobáramos que, en los días soleados, nuestra sombra se ha esfumado. Es como si de nuestro mundo se hubiera esfumado también el sexo porque, verdad de la buena, en las aventuras de Tintín tampoco hay sexo. Dicen que no es porque estuvieran pensadas para un público infantil sino porque Hergé era profundamente católico. Pero siendo tan católico, ¿cómo es que no hay familia en el entorno del periodista y sus compas? ¿Es posible un mundo tan perfecto sin familia? ¿Qué catolicismo es ése? Son muchas las preguntas que podemos hacernos al leer estas aventuras sin ojos de chaval ingenuo, pero por muy analítico que uno sea, siempre estará ahí, rotundo, el capitán Haddock. En un universo de línea clara, de pura armonía en movimiento, él representa lo políticamente incorrecto tan bien que da gusto: fuma en pipa cuando le da la gana, se encogorza con frecuencia, y cuando se enfada, suelta una ristra de maldiciones que espanta al más duro de los delincuentes. ¡Mil rayos!, le oigo gritar todavía, y eso que Hergé cumpliría 100 años el martes que viene. Nos vemos.

jmheraldo@hotmail.comHeraldo de Aragón | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Culturland"