15/07/2007

Historias de calor (2)

Hola. Doña María Teresa, la vice, ha dicho que "una temperatura de 24 grados es suficiente para mantener el bienestar" en los edificios públicos. Esta medida para ahorrar energía le parece totalmente insuficiente al señor don RRX, que acaba de estrenar cargo en el Gobierno Autonómico. Si fuera por él, habría que desconectar totalmente los sistemas de aire acondicionado y volver a lo tradicional: abrir las ventanas por la mañana, bajar las persianas y poner toldos. El tema es que don RRX es terriblemente aprensivo y ve esas máquinas de aire frío como indiscutible origen de infecciones y malestares varios. Dado que ha hecho su carrera política gracias más a su oratoria que a sus ideas, cuida de manera especial la garganta y lleva un bufandín de seda envuelto al cuello, lo que en julio le convierte en un excéntrico. Como era de esperar, tose. Su "psico" (o sea, el alma) le ha dado instrucciones a su "soma" (o sea, el cuerpo): "Ponte a toser ya, porque te va a caer una faringitis aguda antes de que te vayas a casa". Inmediatamente, llama a la secretaria y, entre carraspeos compulsivos, le manda apagar el aire acondicionado. Se nota un pelín febril y cuando va a colocarse el termómetro que siempre lleva encima, ve en la primera página del periódico que tiene sobre la mesa una noticia: se van a prohibir los termómetros de mercurio en la Unión Europea, por tratarse de un metal altamente contaminante. Seguro, seguro que tiene fiebre pero cualquiera se pone ahora un termómetro en la axila y, mucho menos, en la boca.
       A este ataque de hipocondría de don RRX, se añade la preocupación por su hija adolescente, que, sin permiso, se ha largado a los Sanfermines. Mira por dónde, la niña, ahora mismo, se lo está pasando pipa compartiendo a morro una botella de tinto con unos mochileros australianos, en el mismo parque en el que ha dormido. Y es que "de joven hay que hacer guarrerías para tener defensas cuando se es mayor", como dice mi vecina la Visi. Qué sabia es a veces. Nos vemos.*
       
       *Sigo sin entender por qué este artículo, totalmente ficticio aunque creíble, fue censurado por Heraldo de Aragón en su momento.

jmheraldo@hotmail.comImprimir

Este artículo pertenece a la sección "Querido Caos"