05/08/2007

Bergman, Antonioni y aquel espectador

imagenCon la reciente, y casi simultánea, muerte de Ingmar Bergman y Michelangelo Antonioni se han vuelto a oír los lamentos por la desaparición del gran cine de autor. Es cierto, ese cine ya no se hace y es más, ya no hay posibilidad de volverlo a hacer porque, simplemente, ya no existe el espectador que lo sustentaba. Lo que ha muerto es aquel espectador que babeaba ante las nuevas películas de Fellini, Godard, Bergman o Saura y que llenaba las salas. El espectador, admitámoslo, es una especie biológica en continua evolución y en este principio del s. XXI tiene un mapa genético muy distinto del que distinguía a su antecesor del siglo pasado. Gracias a los nuevos soportes, esas grandes películas siguen estando a nuestro alcance pero sentarnos en el sofá de nuestra casa para ver "una de Antonioni" requiere un esfuerzo mental tremendo.
        imagenDía tras día y desde hace años, recibimos en nuestro cerebro, gustosamente o a la fuerza, millones de imágenes, miles de historias mínimas contadas fragmentariamente y a toda velocidad. Son historias con mensajes o consignas muy simples que nos llegan por todo tipo de pantallas en el hogar, en la cafetería, en el tren o en las estaciones de metro. Es, pues, prácticamente imposible prestar atención a una historia como la de "La noche" (Antonioni) narrada con larguísimos planos, con mimada lentitud, sobre la crisis de una pareja víctima de la incomunicación. Cine de silencios que el espectador debe llenar con lo que los personajes son incapaces de decirse. No, no se puede pedir al espectador de hoy tanto esfuerzo porque su retina ya está hecha de otra pasta.
        El cine, la televisión, la publicidad, con su vertiginoso montaje de imágenes, están pensados para impactar de inmediato en un "aquí te cojo-aquí te mato" que no permite la reflexión. Es todo tan veloz que sólo nos da tiempo para ver. Mirar y pensar frente a una pantalla eran actividades características de un espectador primitivo, de una antigua especie ya desaparecida. Nos vemos.
       
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Este artículo pertenece a la sección "Culturland"