02/12/2007

Un baile lejano

Hola. Me pregunto qué era para mí el ballet antes de Maurice Béjart. Pues, sinceramente, era un espectáculo un pelín pintoresco, lleno de tutús y de gente que, sin explicación aparente, andaba de puntillas. ¿Por qué caminaban con la punta del pie si los humanos tenemos las plantas para sostenernos en el suelo? El tema es que, antes de los 25 años, sólo había visto dos espectáculos con música de Tchaikovsky y una película un poco ñoña que se llamaba "Las zapatillas rojas" (una pelí que jamás, jamás, se habrían atrevido a programar en el cine de mi colegio). Pero una noche de verano en Santander asistí a una representación de los Ballets del siglo XX, cuyo director era Maurice Béjart. Interpretaron el Bolero de Ravel. De repente, me enteré de lo que era la danza en tanto que arte: una expresión puramente física, corpórea hasta el límite, de otro arte tan escurridizo y etéreo como la música. Eso hicieron con Ravel: visualizar su música hasta dominarla, hasta conseguir que fuera ésta la que estuviera al servicio de los bailarines. Bueno, acaba de morir Béjart y yo acabo de ver un vídeo suyo dirigiendo un ballet sobre las canciones del belga Jacques Brel. Dos inmortales juntos. Y mientras veo el vídeo, pienso en otras cosas.
        imagenPienso en que Zaragoza podía, debía haber sido un referente europeo de la danza. Lo tuvo todo y tuvo, especialmente, lo más difícil: una escuela a la que venían chavales de toda España para que les enseñara la mejor de las maestras, María de Ávila. Así lo hizo ella y hoy las grandes compañías del extranjero tienen como bailarines a alumnos suyos. Jorge García triunfa en el ballet de Zurich y Gonzalo García Portero, en el de la Ciudad de Nueva York; sólo dos ejemplos, que la lista sería muy larga. Esta ciudad formó la cantera y otras ciudades lejanas se llevaron a las estrellas. Por miedo al riesgo y por esa tradicional tendencia de nuestras instituciones a la mediocridad, aquí y ahora sólo se baila en la distancia. Triste. Nos vemos.
       jmheraldo@hotmail.com

Durante los 10 años que fui profesor del INBAD (bachillerato a distancia) tuve en el aula a muchos alumnos, casi todos chicas, del estudio de María de Ávila. Algunos eran niños que acababan de cumplir los 15 años y que después de 8 horas aprendiendo a bailar con su maestra, venían a estudiar al instituto Miguel Catalán de Zaragoza por la noche. Venían rendidos, algunos incluso con lesiones, pero en ellos se veía una vocación muy clara y muy firme de ser bailarines. Recuerdo a Gonzalo García Portero, a veces muerto de sueño tratando de seguir las explicaciones; entonces todavía lejos de ser la estrella que es hoy.

Este artículo pertenece a la sección "Culturland"