23/12/2007

La realidad aplazada

imagenHola, feliz Navidad. Les cuento: este año quería que estas fiestas fueran distintas y, dado que he engordado bastante desde el verano, decidí presentarme a un concurso para la elección de Santa Claus, que organizaba un centro comercial. Me gasté un pastón en el traje y la barba y, sobre todo, puse toda la ilusión del mundo. Cuando llegué, me sentaron junto a otros 7 candidatos, delante de un paisaje de abetos de poliuretano coronados por estrellas con bombillitas. Y enfrente, a unos 4 metros, había más de 100 niños esperando que se diera la señal para correr hacia nosotros y entregarnos su carta. Aquel al que más niños se acercaran sería el ganador. El ganador fue, contra lo que marca la tradición nórdica, el único Santa Claus negro que había, un caballero gambiano. El segundo puesto fue para un hombre casi pelirrojo al que no tardé en identificar como un vecino mío, un impresentable que, un día, al aparcar, me rompió un faro del coche. Y ahora viene lo más duro de contar: yo me quedé el último; sólo se me acercaron 2 gemelos, vestidos igual, con una sola carta. No sé si esto cuenta como dos niños o como uno solo o como uno y medio. Da lo mismo. Quedé el último.
       Lo más difícil moralmente, cuando pierdes un concurso de Santa Claus, es que tienes que volver a casa disfrazado con tu traje de felpa roja; ya no eres un mito de la infancia sino tan sólo un fantoche. Y pensé que la única manera de resarcirme del fracaso era escribiendo un cuento en el que alteraría el resultado y así lo hice. En mi cuento, de no más de un folio, me puse a mí como ganador; en segundo lugar, al africano y en el último puesto, a mi vecino (al que sólo se le acercaba una niña, y llorando). Pero al releer mi historia por cuarta vez, me di cuenta de que nada justificaba que alterara lo sucedido de aquel modo y volví a poner al gambiano como vencedor. Los niños son muy sabios y la Navidad es así si así les parece. Todo realismo puede esperar hasta enero. Nos vemos.

jmheraldo@hotmail.comHeraldo de Aragón | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Querido Caos"