03/02/2008

Espionaje en las venas

Hola. El tema de hoy va sobre la vida de hoy, que está muy mal pero que puede ir a peor. El tema exactamente va sobre la privacidad, que ya no existe. La vida íntima es, uff, puro pasado: estamos siendo vigilados, filmados, escuchados continuamente por cámaras de bancos, de policía, de comercios y de particulares. Y nadie te avisa de la foto. No, no se oye una voz que diga algo así como "Gire la cabeza un poco a la izquierda y sonría". Las cámaras pueden pillarte dando un traspié o, un poner, con un dedo en la nariz porque el ser humano, que, además de ser de agua, es de tiempo, está lleno de instantes nada heroicos. Así de simple.
       No obstante, creo que todavía son buenos tiempos para lo privado, para esa parte top-secret de nosotros mismos que sólo queremos compartir con quien nos dé la gana. Todavía son buenos tiempos, créanme. Microsoft acaba de presentar en la Oficina de Patentes de Estados Unidos un programa informático por el cual se podrán controlar perfectamente las emociones, los cambios de ánimo y la actividad mental de los trabajadores de una empresa. El invento consiste en unos sensores colocados sobre la piel del individuo que mandarán información sobre reacciones de irritación o de alegría, alteraciones de temperatura y de presión arterial, índices de concentración y de esfuerzo, etc. Es decir, pondrán cámaras en nuestras venas y no habrá ni un rincón de nuestro cuerpo, desde el cerebro hasta los genitales, que no esté controlado en pantalla. Cuidadito, pues, con abstraerse, distraerse, cansarse o acordarse de la familia del jefe. imagen
       
        Pienso en Orwell, el profeta de la era del Gran Hermano y, sobre todo, pienso en Bartleby, ese escribiente de la última novela de Herman Melville, que ahora releo en una hermosa edición ilustrada por Javier Zabala. Bartleby, que es tantas cosas siendo casi ninguna, representa como nadie el supremo derecho a la propiedad inalienable del pensamiento. Pobre Bartleby; el señor Gates ha podido con él. Nos vemos.

jmheraldo@hotmail.comHeraldo de Aragón | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Las noticias me matan"