02/03/2008

El buen camarero

imagenHola. El exministro de Agricultura, señor don Miguel Arias Cañete, añora profundamente a los camareros de antes. Es imposible no reproducir sus palabras "Aquellos camareros... que les pedíamos un cortado, una tostada con crema, una con manteca colorada,... una de boquerones en vinagre y te lo traía todo rápidamente" No, por favor, no hagamos chistes con el tremendo desayuno de don Miguel, que así está de hermosote el hombre, y vayamos al fondo de la cuestión. Es cierto que el oficio de camarero, en tanto que oficio especializado, está desapareciendo. Es verdad que algunas cafeterías están atendidas, o desatendidas, por camareros distraídos, con la barra llena de vasos sucios, y que ni siquiera dan las gracias cuando se les deja propina.
       Las causas de este deterioro son variadas. Por un lado, quizá España sea el país con mayor número de bares por kilómetro cuadrado y ya resulta imposible cubrir la demanda de personal cualificado. Por otra parte, en este gremio, cada vez son menos esos negocios familiares en los que el dueño está al pie del cañón, controlando y formando al empleado. Además, los turnos de trabajo, festivos incluidos, no son apetecibles para nadie. Y es curioso que mientras la profesión de cocinero gana cada día más estimación, se piense ahora que para camarero vale cualquiera. Todos sabemos que no es así y que no hay nada como un buen profesional ayudándote desde una barra a llevar mejor el día a día, que suele ser duro para casi todos. Él está ahí, currando al máximo, para que los otros disfruten más de su ocio. O sea que gracias mil. Pero el señor Díaz Cañete (que acompaña los boquerones en vinagre con un cortado, ¡glups!) se equivoca cuando identifica al buen camarero con el camarero español. No, no es un tema de nacionalidad (porque camareros malos y españoles los hay por igual); es una muestra más de un mal muy contemporáneo: la pérdida del valor del trabajo bien hecho. Eso es lo que habrá que recuperar y los de aquí, los primeros. Nos vemos.
       
       La ilustración corresponde a una página del libro "Cocktails", de Pedro Chicote (Sucesores de Rivadeneyra, Madrid 1928).
       
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COMENTARIO de José Luis Maturana (03/03/2008):
       "Como profesional de hostelería (de los de antes), no puedo por menos que dirigirme a ud. con el fín de hacerle saber que me ha encantado su artículo.
       La verdad es que habría mucho que hablar sobre ello, hasta el extremo de que yo personalmente he optado por tomar café, antes de entrar a trabajar, en un local regentado (al igual que otros cientos) por unos sres. chinos, los cuales, por lo menos, te sonríen y además resulta que son los únicos en muchos metros a la redonda que hacen un café sabroso del que poder disfrutar.
       Pero...también habria que matizar en un asunto que me tiene atormentado y es la mala educación del cliente. Esto es algo que clama al cielo y ya prefiero ni hablar sobre los niños de los clientes. Gente que no dice ni buenos dias, ni por favor ni ahí te pudras. Gente que te deja las mesas como sí fueran el vertedero de FOCSA. Y por qué tengo que estar recogiendo la porqueria de esta gente, me pregunto muchas veces, siendo que se la han traido de la calle en la mayor parte de los casos y tantas y tantas le podría contar.
       Tengo 46 años y llevo dedicado a ello desde los 14. No le digo más."

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Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"