20/07/2008

Cara A, cara B

Hola a todos. Parece ser que vuelven los discos de vinilo y esto es una buena noticia para 1) sentimentales, 2) audiófilos y 3) resto del personal. Seguro que lo recuerdan: a mediados de los años 80, los vinilos empezaron a desaparecer de las tiendas, sustituidos por los CD, que eran más pequeños, contenían más minutos de música y, sobre todo, no había que darles la vuelta. Dar la vuelta al disco era una lata, así como todo el procedimiento de su reproducción: limpiarlo, ponerlo sobre el plato giratorio y colocar con precisión la aguja encima. Bueno, lo normal era no limpiar el disco y, así, se acababa oyendo un cric-crac de fondo que formaba parte, ya para siempre, de la partitura. ¿Cómo es posible que un soporte tan tiquismiquis, tan incómodo, vuelva a recuperar el sitio que le quitó el CD? Hay varias razones, pero la más importante está en nuestro subconsciente: las personas necesitamos mantener una relación emocional con los objetos y, todavía más, con los objetos relacionados con la música, que, de por sí, está hecha de emoción. Los nuevos soportes (minúsculas tarjetas, discos duros, reproductores de mp3, etc.) almacenan una música que no es material, que no es perceptible al tacto ni a la vista; que es, cómo decirlo, parecida a un gas incoloro. Y es muy difícil, por no decir imposible, mantener una relación humana con algo que está hecho de aire. imagen
        Las discotecas personales que sólo contienen cedés no valen casi nada, por mucho amor que haya puesto su propietario en formarlas. El CD lleva en sí mismo su propia devaluación: como se puede copiar sin pérdida de calidad, el original sólo se distingue por su portada, que también es copiable. Además, en el CD nunca habrá un cric-crac de fondo que, si bien puede considerarse un ruido molesto, también es un registro notarial de las veces que hemos escuchado esa música. El vinilo tiene memoria de nuestro pasado musical y el mp3 o el CD, aunque alardeen de sus cientos de megas, no la tienen. Así de claro. Nos vemos.
       *En Estados Unidos, los pedidos a los fabricantes de CD han caído entre 2006 y 2007 un 17%, mientras que los de vinilo han subido un 36%; Son datos porcentuales, claro. Si se habla en términos absolutos, el número de CDs vendidos es múcho más alto todavía que el de vinilos.
       * Como curiosidad, se puede pinchar aquí para ver la crítica—Corazones de Vinilo—que escribí para El País de Alta Fidelidad, la novela de Nick Hornby, que es el libro de cabecera de todo coleccionista de vinilos. También, si se pincha aquí se verá una reseña breve que escribí para el mismo periódico con motivo de la reedición que hizo Ediciones B aprovechando el tirón de la floja adaptación cinematográfica de Stephem Frears.

COMENTARIO de Rafael Castillejo (20/07/2008): Le leo de vez en cuando pero hoy con esto de los discos de vinilo, me he dicho: "hoy le pongo una nota". Efectivamente, aquellos discos eran algo y, aunque me guste mucho la informática, reconozco que una colección de CD, por grande y variada que sea, no se puede comparar con una colección de aquellos viejos vinilos. Además, eran tiempos en que la oferta musical era de tal calidad, que aunque hubiese existido forma de copiarlos, pocos lo hubiesen hecho. Es más, sé de algunos amigos que los compraban de dos en dos. Uno para uso personal y otro que todavía conservan en celofán. Repito, ¿quién se habría conformado con una simple copia de "Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band"? Así que, nada amigo, que algunas "cosas de antes" eran mejores. Si le gusta recordar las cosas bonitas de una época dura, le invito a mi desván: www.rafaelcastillejo.com

jmheraldo@hotmail.comHeraldo de Aragón | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Culturland"