10/08/2008

Calma suiza a babor

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       Hola. Aquí, informando desde, oh, sí, una cola. La cola es para entrar en el pabellón de Suiza. Gregory, un azafato de lengua italiana nos tranquiliza: "Para entrar, sólo faltan tres minutos suizos." Sí señor, ése es un azafato fetén porque sabe que los minutos no son iguales en cada país, que tienen sus características nacionales. Es decir, no es lo mismo un minuto en Berna que uno en Cádiz. Pero cuando dice que los 180 segundos son "suizos", él está presumiendo de relojes y de precisión, como si el copyright del tiempo lo tuviera la Confederación Helvética. Por ahí sí que no paso. Los relojes suizos pueden ser los mejores para medir las marcas olímpicas pero para vivir, quizá sean mejores los españoles, que no son otros que los relojes blandos de Dalí, en los que el tiempo es elástico, como de queso fundido. Por eso, una vez dentro del pabellón, la sorpresa es mayúscula: el tiempo ha dejado de ser suizo y exacto para ser blando y perezoso. A continuación lo explico, no se me vayan.
       La sala principal está dominada por una gran vela de barco en posición horizontal, en la que se ven imágenes de agua que fluye sin parar. Y los visitantes nos colocamos debajo, despatarrados en cómodos sillones, en actitud de relajación total. Miro la vela y no me cuesta nada imaginar que voy navegando por el lago Leman. Es que hace años hice un cursillo de 12 horas en la bahía de Santander, en un velero para 6 personas; es cierto, conservo fotos y a mi se me ve feliz al mando y a los otros 5, con cara de angustia. Buen recuerdo, sí señor.
       Aquí se está muy fresquito y, atención, sin ningún sistema de refrigeración de los "insostenibles" porque la vela está siempre húmeda y el aire se enfría al pasar por ella. Me quedaría toda la tarde en este pabellón, sinceramente, pero no debo, que afuera hay gente esperando "minutos suizos" para entrar. Sin embargo, aún estoy un buen rato mirando la vela, bajando la temperatura corporal y pensando en nada; qué gustazo. Y cuando salgo, ay, huelo a chocolate (del de beber) en el bar del pabellón. Me pido una taza, que el tiempo es blando esta tarde, tanto en Ginebra como en Zaragoza.

Este artículo pertenece a la sección "EL GRIFO los artículos de la EXPO2008"