24/08/2008

Viaje al glaciar

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       Es de agradecer que, con este calor, alguien tenga el detalle de recordarnos el hielo. Para empezar, diré que mi experiencia con el hielo es muy pobretona; se limita a echar cubitos en un vaso. De todos modos, es suficiente para que recuerde el estado sólido del agua. Ves, el agua puede tener forma de nube, de chorro de grifo o de cubito. O sea, que no es tan limitada como el ser humano, que no puede ser líquido ni gaseoso. El ser humano puede ser inseguro, o sea, un pelín miedicas. Se lo explico: un día que sopla mucho cierzo, no tengo mejor idea que hacer mi primer viaje a la Expo en telecabina. El viento silba fuerte por la rendija de la puerta y hago la mitad del viaje rezando a San Antonio; luego, me acuerdo de que San Antonio no sirve para los viajes en telecabina, que sólo sirve para encontrar cosas que hayas perdido, y eso me pone más nervioso aún. Y, encima, no hay motivo para tanta preocupación porque la telecabina no se bambolea nada, sólo avanza. Y llega a un pabellón off-Expo (fuera del recinto, quiero decir) en el que Reinhold Messner, alpinista y explorador polar, ha recogido la obra de nueve artistas y su visión del mundo del hielo.
        Uno de los nueve es Olafur Eliasson. El pavo es danés pero sus padres eran de Islandia. O sea, que fue criado casi entre cubitos, para entendernos. Quizá eso explique que haya hecho fotos de molinos de glaciares. Esto es lo siguiente: cuando el sol incide en el glaciar a mediodía, el agua líquida perfora el hielo y hace como una especie de túnel vertical, que se vuelve a helar, cerrándose, a la noche. El agua es impredecible y cambia de sitios para hacer molinos cada verano. O sea, que hay que ir con la cámara cazándolos, siempre atento a no caerse en uno. Si caes, que sepas que tu cadáver se mantendrá perfectamente conservado durante décadas. Garantizado.
        Sólo podré olvidar los molinos glaciares con más frío, me digo, y me siento a ver "Thaw", una película sobre el hielo cuando se resquebraja o se derrite. Los ruidos que hace, mezclados con música del grupo Radiohead, componen una banda sonora heladora (eso sí que es chill-out) y fascinante. La llevo todavía en mis oídos cuando vuelvo a viajar, ya sin temor, en la telecabina.

jmheraldo@hotmail.comHeraldo de Aragón | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "EL GRIFO los artículos de la EXPO2008"