26/08/2008

Näcken, ese desconocido

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       Un caballero de Alaró (Mallorca), encargado de una cadena de heladerías, no soporta más el calor, se sienta al borde del estanque que rodea el Acuario, se quita sus zapatillas deportivas y mete los pies en el agua. Un cuarto de hora más tarde, ya refrescado, se dispone a calzarse de nuevo pero, uff, no encuentra la zapatilla del pie izquierdo, que había dejado pegada a la del derecho, ambas al alcance de la mano. Incrédulo, mira alrededor por si alguien se la ha cogido. Alrededor, hay una anciana en una silla de ruedas, acompañada de su hija, ya bastante mayor también, y una familia de Córdoba con dos niños gemelos, de no más de siete años. Mira ahora dentro del estanque por si se le ha caído allí y acaba cayéndose él, entre el estupor de los mayores y el regocijo de los pequeños.
       Más o menos a la misma hora, en el escenario del Balcón de las Músicas, un percusionista cubano toca la batería con tal entrega (la famosa pasión caribeña) que un palillo se le escapa disparado de la mano, dibuja una limpia parábola por encima de los espectadores y desaparece en el aire en dirección al Ebro.
       Como es natural, todo el mundo se empeña en encontrar explicaciones racionales a estos extraños hechos. Yo, no. Lo digo claro y en voz alta: lo irracional siempre exige su hueco, su parcelita, y eso hay que respetarlo. También piensa así un azafato sueco, que me comenta que los troncos cortados de abedul, ¡ojo, cortados!, que simulan un bosque en el pabellón de su país, están brotando sin control (algo que se puede comprobar). Dice este azafato que quizá todo sea culpa de Näcken, un espíritu de origen escandinavo que vive en los remansos de los ríos y muy cerca de las cascadas; que toca el violín como nadie y que, desesperado en su soledad, no sabe como llamar la atención y atraer a la gente. ¿Cómo ha llegado Näcken aquí? Pues de cualquier manera: en la maleta de algún danés o incluso dentro de un bote de pepinillos de Ikea; todo es posible. El azafato sueco aconseja que si uno oye un violín lejano, evite acudir al lugar de donde procede el sonido; lo menos que puede pasar es lo que le ha ocurrido al señor de Alaró (Mallorca), encargado de una cadena de heladerías, ahora ensopado.
       
       * Mi primer contacto con Näcken fue a través del cuadro que le dedicó el pintor simbolista sueco Ernst Josephson (1851-1906), al que corresponde la imagen. Éste fue un pintor muy interesado en la pintura del renacimiento, que se volvió loco al final de sus días, creyéndose Miguel Ángel y firmando obras con el nombre de éste.
       Desde los ríos, Näcken, con su violín, atrae a niños, mujeres y nadadores inexpertos para que se ahoguen. Pero, con el tiempo, su leyenda ha mejorado: se dice que ha enseñado a tocar el violín a más de un ser humano y que ha vivido historias de amor con alguno; historias que no han durado mucho porque Näcken es incapaz de vivir lejos del agua.

jmheraldo@hotmail.comHeraldo de Aragón | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "EL GRIFO los artículos de la EXPO2008"