28/09/2008

Pequeños placeres

Bajamos a la playa cuando el sol todavía está saliendo. Se anuncia calor pero sabemos que aún queda una hora de brisa fresca. La arena está limpia, repeinada y sólo hay media docena de sombrillas clavadas junto al agua. Extendemos la toalla en la arena con cuidado de que no queden pliegues. Es el momento más placentero del día, a partir del cual todo irá a peor: vendrá el calor, la gente, el ruido y la toalla se ensuciará con arena mojada. Sólo nos quedará el recuerdo del placer inicial, humilde y tan intenso a la vez.
        imagen
       Una mañana de domingo: todavía es pronto y tenemos delante un café recién hecho y miramos la portada del periódico que acabamos de comprar. Leemos los titulares despacio, sabiendo que el verdadero placer vendrá a continuación, cuando lo abramos y escuchemos ese ruidillo que hacen las hojas al despegarse, acompañadas de un aroma a tinta fresca que acaba dominando el del café. A partir de ahí, todo irá a peor: leeremos el periódico, llegaremos a la última página y ya no habrá vuelta atrás. Después, guardaremos las sensaciones iniciales toda la semana para revivirlas al domingo siguiente.
       Un día, a principios de marzo, el tiempo da un cambio; ya hay sol persistente y nos decimos: "Hoy casi no cojo el abrigo; con un jersey tendré suficiente." Ha sido una decisión acertada y caminar, después de tantos meses, sin el peso del abrigo es un placer insignificante que quizá olvidemos, pero que deseamos sentir todos los años en esas mismas fechas.
       De vez en cuando releo "El primer trago de cerveza y otros pequeños placeres", un librito de un escritor francés, Philippe Delerm, que fue un éxito hace ya un década. Es un libro menor, a veces casi cómico por el tono pequeñoburgués y pijillo que impone su autor, pero que obliga a reflexionar sobre los propios placeres minúsculos y discretos que nos iluminan la existencia. Concentrarse en ellos, no ignorarlos nunca, está en el primer puesto de mis buenos propósitos para este curso que empieza. Nos vemos.
       
       *El primer trago de cerveza y otros pequeños placeres de la vida fue un regalo que me hizo una compañera de trabajo en 1998. Lo leí con gusto entonces porque, además, estaba traducido por el zaragozano Javier Albiñana, compañero mío de carrera e hijo del catedrático de Francés que me había dado clase en el bachillerato. Ocho años después, volví a tropezarme con este libro en un curso en el Instituto Francés de Madrid. Dentro del curso había un taller de escritura y el profesor nos hizo leer "La première gorgée de bière et autres plaisirs miniscules" y, a continuación, hacer una lista de los 5 pequeños placeres que eran importantes para nosotros. No recuerdo bien mi lista pero creo que uno era "llevar las gafas recién limpiadas", algo que cualquier miope entenderá muy bien. Finalmente, teníamos que redactar un texto a la manera de Philippe Delerm. Creo que es un buen ejercicio para clase de Lengua.
       Como curiosidad, diré que Philippe Delerm es padre del cantante de la nueva chanson francesa, Vincent Delerm.

jmheraldo@hotmail.comImprimir

Este artículo pertenece a la sección "Demasiado asfalto"