02/11/1991

Eric Lax. Woody Allen: La biografía

Eric Lax. Woody Allen: La biografía. Ediciones B. Colección Primer Plano. Barcelona, 1991. 416 páginas. 2.600 pesetas.
       
       VIDA EJEMPLAR DEL URBANITA DIVERTIDO
       Biografía de Woody Allen, el hombre casi perfecto

       
       Cuando vi que Woody Allen me apuntaba con un revolver me entró pánico: delante de mí tenía a un atracador nervioso y ostensiblemente inexperto, de esos que disparan cuando no quieren y que aciertan en el blanco porque alguien, y siempre hay alguien alrededor, les da un empujón. Pero, oportunamente, empezó a llover y la pistola, que era de jabón, se le deshizo. En ese momento uno decidió que no quería ser como ese hombre bajito, miope y con tan mal pelo, al que la naturaleza—que tiene por costumbre ser generosa y tierna con los norteamericanos—le dejaba en ridículo.
        No obstante, yo que me había prometido no perderme ninguna película de Arnold Schwarzenegger, me he sentido siempre fascinado por el cine de Allen. La explicación a semejante contradicción habrá que buscarla en las magnéticas leyes de la comedia. En la tragedia el héroe siempre es superior al hombre, es decir, no tiene que afeitarse ni usar métodos anticonceptivos, por ejemplo. En la comedia, el héroe siempre es igual o peor que el hombre. Woody Allen nos da una lección de la visión cómica del ser humano al echarse un trago de agua de lavanda antes de dar el primer beso a su chica en Annie Hall. En la tragedia, el hombre transciende y en la comedia, el hombre se entiende, se descubre a través de sus defectos. Quizá en esto radique el que la comedia se vea como un género menor y al comediante como un artista de segunda fila: nos recuerdan demasiado lo que somos. Así pues, Harlene, la primera esposa de Woody, veía que su marido tenía "dotes para ser un gran escritor" y eso le hizo llegar a la convicción de que "ser humorista de club no era una ambición digna". Harlene no era la única en pensarlo: el mismo Woody, cuando se refiere a los episodios de objetivo indiscreto en los que intervino, confiesa que hizo cosas "degradantes" cuando empezaba: "ahora intento hacer Dostoyevski; intento superar toda esa basura". El lector puede deleitarse con esa divertidísima basura en las páginas 192-93 de la biografía de Eric Lax, el hagiógrafo de Woody Allen.
        Eric Lax ha elaborado un expediente con datos, testimonios y juicios que aseguren a Woody Allen un puesto en el Olimpo, entre Bergman y Kurosawa, muy cerca de Welles y de Fellini y lejos de Jerry Lewis y Chaplin, que sólo hacían reir. Mr Lax—un buen amigo y un buen intelectual highbrow (sesudo)—ha escrito "la" documentada biografía de un hombre perfecto que quiere trascender.
        El espectador medio de Woody Allen cree que en sus películas ha asistido a una constante visualización de su biografía. Esto se debe a que no hay signos diferenciadores entre el personaje que sale en la pantalla y ese otro con cara de búho, que dirige películas y que toca el clarinete en un club de Manhattan la noche de entrega de los oscars. Allen lleva la misma ropa, las mismas gafas y la misma piel (nunca se maquilla) delante y detrás de la cámara. Se inventó un personaje cómodo, que no tiene que perder tiempo en el camerino antes de actuar, pero ello creó un malentendido en el espectador que esta biografía pretende deshacer.
        Como persona, Allen casi todo lo hace bien: muy buen lanzador en béisbol, hábil prestidigitador, notable clarinetista y temible tahúr. Por si esto fuera poco, no le cuesta nada llevarse a la mejor chica de la fiesta. El espectador, en cambio, adora a un hombrecillo torpe, que pelea con sus complejos a base de ingenio y que nunca puede llevar a buen término una historia de amor.
        Eric Lax va separando, con maneras de minucioso cirujano, el personaje de la persona y así nos enteramos de que Allen sólo va al psicoanalista para hablar con alguien que no le adule; que su película favorita es Perdición, el melodrama negro de Wilder; que es un maniático bastante pesado que no soporta la naturaleza porque está "llena de cosas vivas"; que Camus, Kierkegard y Flaubert son sus autores favoritos y que está obsesionado por "la responsabilidad moral ante un Dios ausente o silencioso".
        Allen, que podría haberse ganado la vida desplumando a otros con el poker, eligió el cine. Se veía todos los programas dobles de las salas de su barrio en una época en que la pantalla estaba llena de teléfonos blancos, aventureros y coristas. La salida hacia "el sol cegador y los bocinazos" de la calle era tan terrible, el contraste entre cine y realidad tan traumático, que Allen decidió no salir de la sala oscura, porque allí todo era indiscutiblemente mejor. Allen revivió sus propias sensaciones en Cecilia, la protagonista de La rosa púrpura del Cairo, la película que más le gusta de las suyas.
        Eric Lax estructura su libro en cinco capítulos, siguiendo ordenadamente la vida de Allen. Primero habla de su infancia y adolescencia entrelazándolas sensiblemente con su obra cinematográfica. En los capítulos segundo y tercero, quizá los más interesantes, estudia la gestación del genio cómico y reconstruye con laboriosidad científica los chistes y sketches perdidos que allen escribió frenéticamente a principios de los sesenta; es el Woody bohemio que vive el esplendor del village. Los dos últimos capítulos se ocupan, de lo cómico y lo serio, del éxito, de la elección de actores, de las bandas sonoras, del dinero, de Mia Farrrow, de sus películas dramáticas, de la maduración del hombre, y de la frustración permanente del genio, siempre insatisfecho, incluso ante obras maestras como Otra mujer o Delitos y faltas.
        El libro de Eric Lax gustará a los admiradores del judío bajito porque está escrito por uno que le admira sin reparos; no menos disfrutarán los interesados en el proceso de desarrollo y afirmación de un creador en el mundo del espectáculo; y para aquellos que aman la risa también hay algunas buenas páginas. Y Woody subirá a los cielos. JUAN MARIN
       Publicado en El País/Babelia, p.13 Fecha: 02/11/1991

Este artículo pertenece a la sección "Escritores anglosajones"