20/06/1992

Henry Miller. Crazy Cock/Polla loca.

Henry Miller. Crazy Cock/Polla loca. Traducción de Jordi Mustieles y Carlos Milla. Emecé Editores. Barcelona, 1992. 218 páginas. 1.950 pesetas.
       
       LA ESCRITURA Y DOS MUJERES. Henry Miller, en la turbulencia del village.
       
       
       Más que de una polla loca, se trata de un falo desconcertado, porque ¿qué hace un marido cuando su mujer se encapricha de una lesbiana y la instala en su casa (y en su cama)? Henry Miller trata de contestar este interrogante en las doscientas páginas de Crazy Cock, novela escrita en 1927, y que nunca fue publicada ni, afortunadamente, destruida. Estamos ante una obra que adelanta las obsesiones temáticas de Trópico de Cáncer y también el estilo denso, anarcoide y expresionista, característico del autor. Hay que ver Crazy Cock como una novela primeriza, llena de cualidades e imperfecciones, pero que, a causa de su intensa vitalidad, aparece muy oportunamente en tiempos de sida y guerra guapa, es decir, en tiempos de placer y muerte manipulados; Miller nos devuelve la antítesis de la literatura light a través de un texto autobiográfico, rabiosamente escrito por haber sido vivido con dolor, y que se esfuerza en transmitir al lector sensaciones y sentimientos con la fuerza y la sinceridad de aquellos que comparten horas de alcohol y desesperación.
        Tony Bring (Henry Miller) decide dedicarse exclusivamente a la creación literaria, mantenido por su mujer Hildred (June Mansfield). Esta conocerá a Vanya (Jean Kronski) con la que mantendrá una amistad apasionada y deshinibida. Tony se verá postergado por estas dos lesbianas encantadoras (título primitivo de este libro): afectivamente se le considerará innecesario y económicamente, una carga. Dentro de un círculo que tendría que reconocer la valentía de su decisión—ser novelista y aguantar el hambre—, sólo es un zángano que pasa su tiempo haciendo algo tan improductivo como escribir. Miller cuenta este período de confusión humana y literaria sumergido en la bohemia del Village, siempre escapando de la rutina y gozando del vértigo, entre peleas, whisky, cocaína y lectura (Baudelauire, Proust...), y, muy especialmente, entre aquellos que se encuentran en los infiernos particulares, al margen del despreciado paraíso oficial: alcohólicos, jugadores tramposos, poetas sifilíticos, coristas, luchadores de catch, sicarios... En este cosmos maldito, la pluma de Tony correrá "febrilmente", para escribir con "versos ebrios" la fuerza turbulenta y vital de todas las cosas "tanto sublimes como innobles".
        Desde una lectura feminista, que no se puede marginar, este libro es absolutamente quemable, pero arrojarlo a la hoguera supondría una falta de ternura tan considerable que colocaría a los que lo hicieran en unas cotas de falocracia muy superiores a las del autor. La misoginia de Miller procede exclusivamente de la angustia producida por su incapacidad para entender a las mujeres. No es machista, en tanto que no se conforma con el deseo y la posesión sino que lo daría todo por captar el misterio de lo femenino. Asombrado y confundido por la metageografía de la mujer (Hildred era "un verdadero laberinto de disimulos..." 25; "¿Qué se ocultaba tras aquel muro de carne y hueso? ¿Podía él albergar la esperanza de conocer alguna vez lo que ocurría en su interior?" 189), sólo es capaz de exacerbar la experiencia sexual y dar palos de ciego ("Es extraño cómo a las mujeres les gusta disfrazarse de putas. En el fondo todas eran unas putas; todas, incluso las más angelicales" 42) La ansiedad de Miller, en este período inicial de su carrera, proviene de que como escritor se siente en el deber de entenderlo todo—y de poder expresarlo con palabras—y como hombre, en la inevitable frustración de no conseguirlo. Pura inocencia.
        Hoy, cuando tanto placer se consigue introduciendo la tarjeta plástica por la hendidura del cajero automático y disfrutando del sexo por teléfono, Henry Miller nos trae la prosa que hierve, la voz del que escribe desde el corazón y otras partes más bajas del cuerpo; desconcertado, exhausto por aunar literatura y vida. Juan Marín
       Publicado en El País/Babelia, p. 14. 20/06/1992

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Este artículo pertenece a la sección "Escritores anglosajones"