14/03/1992

Jesús Díaz. Las palabras perdidas

Jesús Díaz. Las palabras perdidas. Finalista Premio Nadal 1992. Ediciones Destino. Barcelona, 1992. 336 páginas. 2.200 pesetas.
       
       TAL COMO NOS DEJARON SER
       
       Esta novela arrastra un apellido, el de "finalista", o "segunda", que nada merece, aunque lo lleve con respecto a un premio de solera. Se trata de una obra magnífica, profunda, divertida y emocionante, que parte de un ajuste de cuentas con los años posteriores al triunfo de la revolución castrista. La acción transcurre en La Habana, en torno a tres personajes—el Rojo, el Gordo y el Flaco—a los que se unirá Angela. Los cuatro son hijos de la Revolución, y pretenden, al editar una revista cultural, renovar la literatura cubana "presa del realismo y de la servidumbre a la anécdota". Estos jóvenes rabiosos pasan su tiempo leyendo y hablando de literatura, entendiéndola como un modo de existir, como un medio de supervivencia en el contexto de sordidez y monocromía propio de las dictaduras.
        Por si el proyecto de la revista no fuera suficiente, el Flaco pretende escribir una "novela total", donde confluyan todos los géneros—poesía, cuento, periodismo y ensayo—; y Jesús Díaz la ha escrito, pero parodiándola. Su novela "total" es una tierna e inteligente parodia de un sueño irrealizable, porque las palabras perdidas—como los años perdidos—sólo se pueden recuperar a través del humor, desde una reivindicación lírica del pasado y desde una nostalgia que se ríe de sí misma.
        La acción se estructura en dos tiempos y en dos espacios: los últimos años sesenta en La Habana, cuando los cuatro jóvenes gestan su publicación, y once años después, en Rusia, cuando el Flaco revive aquel intenso período en el que las rivalidades, la amistad y el amor, junto con los libros, daban forma a un proyecto de vida. Desde la distante perspectiva de Moscú, Díaz proporciona, con maneras de gran escritor, una dimensión trágica a lo que hasta entonces se había leído como una hilarante comedia.
        En principio, Las palabras perdidas es una novela li-te-ra-ria sobre el amor a la literatura. Es decir, tiene todos los ingredientes para haber constituido un monumento a la pedantería, una obra para "cultos" e "iniciados". Pero, en cambio, el autor parte de esta premisa para demostrar que lo vivido se impone a lo escrito y así, este sugerente e íntimo libro discurre por calles de la memoria en las que se tropieza con el Che y los Beatles, con Billy Wilder y Lezama Lima, con Bogart y Nicolás Guillén, personajes que fueron testigos ocultos de la ilusión y también de la derrota. En este paisaje de referencias heterodoxas, siempre domina lo más importante: la amistad y la común convicción de que la historia concede protagonismo a los hombres de veinte años.
        Cuatro amigos leen y aman en La Habana, creyéndose depositarios de la responsabilidad de cambiar la sociedad: así podría resumirse una trama narrada con sólido estilo. Es éste fluido y depositario de todas las influencias. Díaz, como buen autor postmoderno, es descarado frente al pastiche y deudor del cine; las vacas sagradas de la literatura cubana—que fueron también las nuestras—son rememoradas con su propia voz, sabiamente manipulada, y el cine se utiliza como modelo narrativo para la resolución de algunos episodios: cuando el parsimonioso Gordo atraviesa una avenida moscovita, nos devuelve la imagen de Jacques Tati en Trafic, y el encuentro del Flaco e Irina en un coche-cama nos trae el eco de Jack y Marilyn en la escena de la litera de Con faldas y a lo loco.
        La novela de Jesús Díaz es muy recomendable para los que leyeron muchos libros, para los que los robaron y para los que alcanzan el estado de gracia ante los estantes de una biblioteca; y sobre todo, es imprescindible para aquellos que claudicaron pero que ahora, con más peso y algunas canas, aún guardan en el bolsillo un trozo de imposible. Juan Marín
       
       Publicado en El País/Babelia, p. 15. 14/03/1992

Este artículo pertenece a la sección "Escritores en lengua española"