01/08/1992

David Lodge. Noticias del paraíso

David Lodge. Noticias del paraíso. Traducción de Esteban Riambau. Versal. Ediciones Cátedra. Madrid, 1992. 338 páginas.
       
       LEJOS DEL INVIERNO
       
       Es muy de agradecer el regalo estival de una nueva novela de David Lodge. Pertenece este autor a esa casta de narradores que, con un sentido del humor excepcional, se dedican a poner cabeza abajo los valores de la clase media, que, por otro lado, ejerce en ellos una indudable fascinación. Lodge es un valioso heredero de Evelyn Waugh, de Woodehouse, e incluso de Richmal Crompton, esa mujer que está en el origen de la libroadiccción de tantos españoles con las aventuras de Guillermo Brown. Todos estos autores se apropian en su narrativa de la tradición inglesa de la comedia de maneras, un género teatral que observa cómo unos personajes tratan de establecer su dominio sobre otros—generalmente en materias de sexo y dinero—a base de ingenio, que no es sólo una cuestión de gracia verbal sino, más que nada, un modo de conducta.
        En las primeras treinta páginas, Lodge nos presenta, con una economía y una habilidad dignas de Billy Wilder, a los personajes de la comedia: un grupo de turistas, rumbo a Hawai, en busca de SAS—sol, arena y sexo (aunque la "a" de arena pueda sustituirse por la de alcohol o, por qué no, por la de amor)—. Ahí están los Harvey, que en su luna de miel ensayarán una mezquina y perversa coexistencia futura, o el impagable Mr Everthorpe, una víctima del vídeo casero, para el que el mundo no existe si no se filma, y otros más: retratos ajustados y agudos, perfectamente reconocibles en personas de nuestro entorno. Todos comparten con elegancia un espacio narrativo magistralmente distribuido.
        Entre los turistas viaja, por motivos muy distintos al resto, Bernard Walsh. Este es un hombre bueno y listo, pero carente de ambición e instalado en la duda, lo que despierta en él sospechas de inutilidad y sentimientos de culpa. Bernard es un ave rara, patológicamente tímido y sexualmente, un desastre; su madurez se ha postergado hasta los cuarenta y cinco años, edad a la que visita Hawai, tierra que será para él un paraíso, pues le ofrecerá la oportunidad de vivir otra existencia mucho más gratificante que la que conoce. Este ex-sacerdote, ahora un profesor agnóstico de teología, con la ayuda de un antropólogo caradura, intentará redefinir el concepto de Paraíso: "una vida posterior en la que las manifiestas injusticias de ésta fuesen enmendadas" podría evolucionar hacia una especie de sueño en el que todos consiguíeramos nuestros deseos: "Si tienes unos deseos de nivel más bien bajo, consigues un cielo de nivel bastante bajo; unos deseos refinados y obtienes un cielo más refinado"; justamente, lo que ofrecen las agencias de viaje.
        Al concepto de Paraíso hay que oponer el de Infierno y Lodge localiza éste en las relaciones familiares, de las que ofrece una crónica lúcida y ácida. Ante la muerte de la tía Ursula, la memoria se va desmontando con dolor hasta que todas las piezas cobran entidad propia y así pueden volver a ajustarse adecuadamente. Y todo ello se nos cuenta provocando sonrisas; a veces, carcajadas, y siempre, reflexión. Como en las mejores comedias. El humor de Lodge se apoya—como en sus novelas anteriores, Intercambios, El mundo es un pañuelo, y ¡Buen trabajo!—en dos pilares: el enfrentamiento de lo americano y lo británico y, sobre todo, el papel del azar: las vidas de los personajes se cruzarán, confluirán a causa de incidencias insignificantes del destino y los cabos sueltos acabarán atándose. Lodge es un ejemplo magnífico del autor omnisciente, que todo lo sabe de sus criaturas, que en todo se mete; parece como si se preguntara: "Si no es para ser Dios, ¿para qué se va a poner uno a escribir?" Así pues, al final, concede a cada personaje su ración de dicha. Y, por supuesto, también se la concede al lector, quien quizá se haya quedado con el más práctico de los mensajes: no merece la pena ir a Cancún o las Seychelles; basta con un poco de sombra, una hamaca y una novela de David Lodge.
       Juan Marín. Publicado en El País/Babelia, p. 9. 01/08/1992

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Este artículo pertenece a la sección "Escritores anglosajones"