07/11/1992

Javier Delgado. Memoria vencida

Javier Delgado. Memoria vencida. Editorial Lumen. Barcelona, 1992. 135 páginas.
       
       RECORDAR PARA VIVIR
       
       Es insólito que un escritor joven se ocupe de la guerra civil española; no es extraño que lo haya hecho Javier Delgado, quien ya demostró su afición por el riesgo y su rechazo de la banalidad en su primera obra publicada, Erase una vez una niña... (Lumen, 1987), una colección de relatos muy líricos en los que unas adolescentes alcanzaban la madurez rindiéndose al ser extraño, anárquico y fantástico que llevaban dentro. Delgado parecía entonces muy atraído por ese ámbito de nadie donde, tras la normalidad, se agazapa lo insólito y donde los límites entre lo real y lo soñado se confunden. También hay algo de eso en Memoria vencida, aunque aquí esa tendencia hacia lo irracional no procede de impulsos interiores sino de la presión que ejerce una situación exterior, de naturaleza excepcional, como la guerra del 36.
        En diez relatos, Javier Delgado escribe sobre los conflictos íntimos de una serie de personas, todas del bando perdedor, todas teñidas de rojo, bien por militancia, bien por parentesco o, simplemente, por sorteo. Todas conservan huellas del horror que deja una guerra civil y que no es el de los bombardeos, sino el de haber tocado al desconocido que uno aloja en quién sabe qué víscera y que te enseña a ser cruel y delator, insolidario y cobarde, héroe y víctima. De ahí que en casi todos los relatos se trate de exorcizar aquel diablo privado que quedó agarrado a la memoria. En estos últimos diez años, contar que se había sufrido prisión o tortura durante el franquismo ha sido considerado como una cuestión de mal gusto; Javier Delgado tiene la valentía de utilizar como materia narrativa la experiencia de hombres y mujeres que perdieron años de vida, la posibilidad de ser felices e, incluso, la propia estima, en la resistencia antifascista. Para ello, elige un lenguaje coloquial y sobrio, logrando una gran adecuación entre las historias contadas y el estilo, que se inscribe en una recuperación del realismo de los novelistas de la década de los 50: Matute, Fernández Santos, Aldecoa...
        No oculta este autor su pasión por fabular y así, sus historias están contadas en primera persona por protagonistas o por testigos de la anécdota y todas mantienen las características de los relatos orales: intención de interesar y entretener, desprecio por lo superfluo y sabia utilización de la elipsis. Algunos relatos, con su trepidante mezcla de aventura, angustia y conflicto psicológico—como el magnífico "El Infiltrado"—parecen preparados ya para filmarse. Por tanto, el lector real de estos textos puede ser muy variado—desde los alumnos de secundaria hasta los que vivieron la guerra—, pero el narratario, el destinatario de la narración dentro de la narración misma, es siempre un hombre o mujer joven, aragonés, particularmente zaragozano (pues Zaragoza es el escenario o, mejor dicho, la atmósfera de lo que ocurre) y que nada o muy poco sabe de aquella contienda. Así, Delgado integra en su ficción un propósito claramente político, como es el de evitar el olvido de que, aquí, hubo gente capaz de sufrir por su idea de un mundo más igualitario. El acto de recordar puede ser terapéutico para ciertos dolores del alma; se cree que si se hace en voz alta, se vence la memoria, pero la memoria también sale victoriosa cuando el recuerdo se transmite. Transmitir la experiencia de una vida llena de aparentes errores y de heroísmos sin recompensa parece ser la única gratificación de Félix, el militante comunista que, en el último y más largo relato de este volumen, da un testimonio intenso y representativo de la evolución del compromiso político, y su repercusión en la vida cotidiana y privada, desde la posguerra hasta la transición. Memoria vencida es una oportuna, honesta y muy interesante recuperación de espacios de nuestra historia más íntima, en los últimos tiempos deliberadamente olvidados.
       
       Juan Marín. Publicado en El País/Babelia, p. 13. 07/11/1992

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Este artículo pertenece a la sección "Escritores aragoneses"