21/11/1992

Amitav Gosh. El círculo de la razón

Amitav Gosh. El círculo de la razón. Editorial Anagrama. Barcelona,1992. 458 páginas.
       
       HOMBRES, DIOSES Y BACTERIAS
       
       Dentro del reciente aluvión de buena narrativa inglesa, nos llega—muy bien traducida—esta novela rebosante de ficción, belleza y entretenimiento. Amitav Gosh, nacido en Calcuta y educado en Oxford, terminó El círculo de la razón a los 29 años, una edad realmente temprana para la escritura de un texto tan ambicioso y tan maduro. En tres partes—Razón, Pasión y Muerte; según el autor, los fundamentos del pensamiento indio—se nos cuenta la trayectoria vital de Alu, localizada en tres espacios geográficos distintos: una aldea india, un emirato árabe y un pueblo del Sahara argelino. Hay, pues, una vida y un viaje, desarrollados en un relato de concepción clásica, que respeta el ciclo ritual de nacimiento, aprendizaje y madurez—no sólo globalmente sino también en episodios argumentales secundarios—aunque la narración tiende a ocuparse de las dos primeras fases y, asi, el tono es básicamente festivo, tratando siempre de quitar importancia a las inevitables apariciones de la tragedia y soslayando el tenebrismo de la violencia.
        Un muchacho—Alu (Patata)—, a la muerte de sus padres, se instala en casa de un tío, el entrañable maestro Balaram, un apasionado de la frenología, un apostol de la razón científica, que gasta su fuerza en rivalizar con un vecino, aprendiz de cacique y depositario de las características más negativas de la civilización india, y en fumigar con ácido fénico todos los rincones de su pueblo para acabar con toda clase de gérmenes. Balaram ha reemplazado las sagradas escrituras sánscritas por La vida de Louis Pasteur, de René Vallery-Radot, y este libro se convierte en un talismán que se salva del fuego y de la guerra, que aparece y desaparece, como un motivo recurrente que da unidad al relato y recuerda su estructura circular. Muerto Balaram, la biografía de Pasteur dotará de ideología a Alu y le desvelará la verdad sobre el origen de todos los males, haciendo de él un lider. Pero el triunfo de la razón sólo será posible si va acompañado del trabajo artesanal, concebido como servicio a la comunidad y como medio para acabar con la explotación de los hombres. El telar funciona como un símbolo del pensamiento de Ghandi y, a la vez, como metáfora del método narrativo empleado por Gosh: "Al hacer el paño, el tejedor también fabrica palabras, e invadiendo el terreno de los poetas da nombre a cosas que los ojos no pueden ver"; "Tejer es sencillo. Sólo hay que conocer la técnica para cruzar en ángulo recto un hilo llamado trama entre largos hilos paralelos llamados urdimbre". La vida de Alu es un hilo recto, la trama, con la que se cruzan, abriéndose y cerrándose, multitud de historias secundarias. La crítica francesa ha relacionado El círculo de la razón con Las mil y una noches, con este referente clásico y viviendo en una sociedad impregnada de creencias mágicas y religiosas, no habría sorprendido que Gosh hubiera optado por el realismo fantástico, pero ha preferido otro más costumbrista—que lo coloca en la línea de Cervantes y del Vargas Llosa de La guerra del fin del mundo—, y los elementos extraordinarios, aunque se respeten, se ven próximos a la superstición, relativizándose en el contexto de las cosas más cotidianas. Gosh, como Pasteur, está fascinado por los seres vivos cuando se colocan bajo la lente del microscopio y al objetivismo del observador científico, él añade la visión cómica y descarada de un poeta irreverente. Porque lo que más sorprende es ese sentido del humor en guardia constante, muy contemporáneo, que no duda en recurrir a resoluciones visuales propias del slapstick, la comedia de persecuciones y tartas de crema, como en el divertido episodio del discurso de Bhudeb bajo la higuera, o en el delirante capítulo final donde hay una apasionada declaración de amor, una muerte por infarto, un médico con un halo de bombillas de colores, que se enciende inoportunamente, y una escena de cognitio; todo ello en una parodia postmoderna de los folletinescos melodramas del cine indio.
        Como es habitual en los relatos de corte épico, los personajes son esquemáticos. De Alu se hace siempre una caracterización indirecta. Alu camina y trabaja irradiando paz y seguridad; se le define por medio de emblemas—el telar, la biografía de Pasteur, una máquina de coser— y por la reacciones que despierta en los demás. Si los otros personajes son puro ruido, Alu es sólo silencio y mirada, y cuando se decide a hablar es porque la ocasión es tan extraordinaria que sólo él podría hacerlo. Si en la lógica interior de la novela, Alu aparece como un provocador político, ante el lector se manifiesta como un mesías: se salva de todas las catástrofes; tiene períodos de alejamiento, que le sirven para meditar y para impulsar su leyenda; y su voz es escuchada y admitida sin discusión. Pero el esquematismo de Gosh es exclusivamente metodológico pues logra, con la exuberancia de su información oblicua, que se recuerde a sus numerosos personajes como complejos y profundos; éstos tienen, cada uno, un espacio acotado que los libra de la confusión y siendo extraños—como el agente secreto ornitólogo o el tejedor rampante—, están dotados de absoluta verosimilitud.
        El círculo de la razón es un hermoso y divertido fresco de un país donde combaten dos clases de fanatismo: el científico y el religioso; entrelazando la observación de este fenómeno con grandes cantidades de ironía, indisimulado cariño, e imaginación, Amitav Gosh ha escrito una novela espléndida y perdurable.
       Juan Marín. Publicado en El País/Babelia, p. 13. 21/11/1992

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Este artículo pertenece a la sección "Escritores del mundo"