09/04/1993

Juan Madrid. Dias contados

Juan Madrid. Dias contados. Editorial Alfaguara. Madrid, 1993. 265 páginas
       
       LOS ESCOMBROS DE UN SUEÑO
       
       Nacieron en torno a 1950 y el mayo de 1968 les pilló en la universidad. Practicaron el jogging de una manera muy natural, perseguidos por la policía, que disolvía con contundencia franquista cualquier concentración. Algunos años después de muerto su gran enemigo, votaron a los socialistas como un solo hombre, locos por ser más europeos que aquellos estudiantes de la orilla izquierda del Sena. Pero, acomodados en el poder, tardaron poco en decidir que la imaginación podía esperar, ante la alternativa mucho más práctica de hacerse ricos pronto y para siempre. "Tengo muy claro que ahora nos toca a nosotros ganar dinero. Durante los últimos ciento cincuenta años han hecho negocio en España las mismas cien familias. Ahora me toca a mi." Quien así habla estuvo en la cárcel por rojo, gozó de un importante cargo político en la transición y ahora es un hombre de empresa. Se trata de uno de los muchos personajes que pululan por la última novela de Juan Madrid, Días contados; la crónica de un viaje al otro lado del espejo en el que se miraba la década socialista, contada con la técnica y el oficio de un autor muy diestro en el género de la novela criminal. Por eso, esta novela social, conductista, sobre el amor, sobre los efectos de la política en la gente corriente, y sobre el Madrid de la década de los 80, se lee en tres horas de puro vértigo.
        A través de las zonas oscuras del sueño más reciente de nuestro país, se mueve Antonio, un fotógrafo al que la Comunidad madrileña le ha encargado un libro sobre la movida. Antonio es uno de los personajes sosos más interesantes de la narrativa española contemporánea. Carente de cualidades, ligeramente patoso, instalado en un fracaso llevadero, constituye un antihéroe en el sentido menos atractivo del término y sin embargo, su importancia es extrema pues aunque con él nunca se identifica el autor, lleva a éste implícito: Antonio es dueño y señor de la evolución de la trama, un diablo cojuelo contemporáneo, con un código moral resbaladizo, sumamente flexible. Con él y su cámara transitamos por bohardillas de Malasaña, lujosos despachos, garitos de copas, conciertos al aire libre, y calles del distrito centro. Y nos movemos entre adictos a la coca y al caballo, maoistas desengañados, camellos, polis corruptos, antiguos abogados laboralistas metidos a empresarios abusivos, niñas dispuestas a todo por quince segundos en la tele y mucha gente sola; hijos y nietos de los que vivían en La vida como es, de Zunzunegui, y quizá también, parientes pobres de los señoritos locuaces y alcohólicos de El gran momento de Mary Tribune, de García Hortelano. Días contados, en tanto que novela coral, deja muy poco espacio para cada uno de aquellos que la habitan; no obstante, destacan dos personajes: Charo y Ugarte. Inmaduros, ingenuos y constantemente confusos, son víctimas a cambio de nada, seres destruidos mientras malviven tras objetivos tan limitados como un mínimo de afecto o una moto Yamaha. Se dejan querer; son dos buenas creaciones que se merecerían más literatura.
        Juan Madrid edifica su relato sobre dos líneas argumentales básicas: una historia de amor—sórdida, dolorosamente vulgar, difícil—, muy bien graduada en cuanto a las fases de su desarrollo; y un ajuste de cuentas pendiente entre un policía y un traficante, contado en el más puro estilo de su autor. A esto se añade un componente documental muy denso, que fluye entrelazado a la narración pero que, a veces, adopta las maneras de un mal disimulado reportaje de información. Cuando esto ocurre, se rompe la coherencia del registro y los goznes de la novela chirrían; así, sobran enteramente las páginas 132-35, en las que se hace una historia dialogada de la movida madrileña y también sobra algún párrafo, aquí y allá, de tono excesivamente didáctico sobre las malas costumbres. Esta intromisión de géneros periodísticos—intromisión en tanto que éstos no están bien ligados con la ficción—hace que Días contados parezca en ocasiones una obra coyuntural y ligera. Y no es así, porque Juan Madrid ha escrito un relato trepidante y absorbente—¿se podía esperar otra cosa de él?—, amargo y lúcido, sobre los escombros que han quedado al terminarse un sueño.
       
       Juan Marín. Publicado en El País/Babelia, p. 9 09/04/1993

jmheraldo@hotmail.comEl País | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Escritores en lengua española"