08/10/1993

Escribir en negro. El Nobel recae en Toni Morrison

ESCRIBIR EN NEGRO
       
       Publicado en El País, p. 32. 08/10/1993
       
       Con motivo de la concesión del Premio Nobel de Literatura de 1993 a la escritora afroamericana Toni Morrison, El País me hizo lo que sería mi primer encargo como "periodista". Conocida la concesión del premio por la mañana, me dieron tres horas para redactar dos folios sobre la literatura escrita por negros en Estados Unidos; a las tres horas justas, me llamaron para que les dictara por teléfono lo que había hecho. Me extrañó que la secretaria se sorprendiera de "lo bien que dictaba"; ella no sabía, claro, que el dictado es un recurso didáctico que he usado muy frecuentemente como profesor. Al día siguiente, apareció "Escrito en negro"; sinceramente, no sé cómo me atreví a aceptar ese encargo pero salió bien y los de Cultura me volvieron a llamar para felicitarme
       
       El crítico J. Ernesto Ayala-Dip escribía en este mismo periódico en diciembre de 1987: "James Baldwin ha muerto. Y con él tenemos la sensación de que termina una época, un estilo y, por qué no decirlo, un color dentro de la literatura norteamericana contemporánea." Esta reflexión no podía ser más acertada. James Baldwin fue quizá el último gran autor que escribió en negro, es decir, el último en aunar la voluntad estética y la capacidad militante de la literatura para, como él decía, "educar a los blancos, liberarlos de sus terrores, de su ignorancia, de sus prejuicios". Estas palabras aparecían en la revista Preuves, en 1963. Para el autor de Otro país, los blancos vivían en un estado de aprensión y miedo crónicos, preguntándose sin cesar qué estarían maquinando los negros.
        Baldwin quería acabar con toda una tradición literaria en Norteamérica que sólo veía los personajes negros bajo dos esterotipos: la víctima humilde y resignada o el agresor vicioso y brutal; visión a la que contribuye en gran medida el mismísimo William Faulkner. Para la escritora Paule Marshall, la finalidad de estos estereotipos era la de negar la humanidad esencial del negro, reduciéndolo a un símbolo en el que se pudieran encarnar todos los temores de los blancos. A mediados de la década de los 60, los autores negros se debatían entre insistir en los aspectos humanos del negro o dejarse arrollar por el irresistible mensaje de los seguidores de Malcom X, la supremaciía de la raza, el orgullo de la negritud, la identificación de los blancos—y de la lucha no violenta de Luther King—con "los podridos valores de la clase media".
        Han pasado algunos años, han ocurrido algunas cosas y acaban de conceder el premio nobel a Toni Morrison, la escritora negra más respetada, la de más prestigio desde la muerte de Baldwin, la matriarca de las letras en Estados Unidos. Pero el gran éxito de ventas de su obra más reciente, Jazz, ha sido superado por el de otra escritora afroamericana mucho más joven, Terry McMillan, cuya novela, Waiting to exhale (Esperando un respiro, que pronto publicará Anagrama) trata de cuatro mujeres en la treintena en el período de tiempo que sigue a la ruptura amorosa. Una es una yuppy dedicada al negocio de los seguros, otra es una ama de casa que descubre que su marido se entiende con una contable blanca, la tercera es una ejecutiva en una emppresa de relaciones públicas y la última es la dueña de un salón de belleza; su problema básico es que quieren enamorarse otra vez y para siempre; mientras tanto, van al gimnasio, se hartan de comprar y de comer, y hablan sin parar. El estilo de McMillan es rápido, brillante, divertido e intencionadamente hortera pero una de las razones de su éxito consiste en que pasadas las veinte primeras páginas, los lectores se han olvidado enteramente del color de la piel de sus personajes. Se habla de cuatro mujeres de hoy en una gran ciudad. Son las hijas burguesas de Malcom X, unas personas que han dejado de pensar que son diferentes, ni inferiores ni superiores a sus colegas rubias.
        Jabari Assim es el joven director de la revista Eyeball, que publica textos de escritores afroamericanos. Para él la entrada de las mujeres ha sido fundamental en la evolución de la literatura en negro. Los hombres han cultivado siempre una literatura de implicación social, una ficción de componentes claramente políticos, en la que la imagen de la explotación y discriminación del negro estaba siempre latente; las mujeres han introducido el área temática de la familia, los conflictos entre generaciones, las relaciones entre los sexos, la introspección, la ternura, las corrientes feministas, el ámbito de lo individual. A Toni Morrison y Terry McMillan hay que añadir el nombre de Alice Walker, autora de El color púrpura (su último libro, En posesión del secreto de la alegría, fue publicado por Plaza y janés el año pasado); son escritoras que ilustran muy bien la teoría de Jabari Assim. Que no le falta razón en cuanto a las obras escritas por hombres, se puede comprobar con la lectura de Los fatales tres, de Ishmael Reed (ahora mismo en las librerías, editado por Mondadori). Reed alcanzó la celebridad con Mumbo Jumbo.
        Apenas hace un año se publicó In the tradition, una antología de cincuenta poetas y narradores jóvenes afroamericanos. En el prólogo, se declaran hijos de la postintegración, habitantes de la cultura hip-hop que fueron engendrados en la era de los derechos civiles; ahora escriben sobre la vida difícil en los barrios, sobre el paro, sobre la aventura de hacerse adultos, sobre sus padres, sobre el amor, sobre las mismas cosas que escriben los que tienen otros colores de piel, pero con la fuerza, con el optimismo que produce el abandono de las obsesiones que torturaron a sus predecesores, la de educar a los blancos y la de concienciar a los negros. Libres ya; a solas, pues, con la literatura.
        El reconocimiento mundial que supone el Nobel para la escritura en negro también puede leerse como el certificado de la crisis de la literatura en blanco. Para William Gass, el director del Centro Internacional de Escritores en San Louis, el minimalismo (Carver, T Wolf, etc) fue la última corriente de los escritores blancos de clase media; Estados Unidos se reconoce ya como una nación multicultural y escritores latinoamericanos, asiáticos y europeos han invadido las universidades americanas, terminando con el monopolio de los WASP (blancos anglosajoes protestantes). Y está claro que en esa apoteosis de la multirracialidad, los negros son los más americanos. Es su turno.
       
       Juan Marín

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Este artículo pertenece a la sección "Escritores del mundo"