20/11/1993

Tom Spanbauer. Lugares remotos

Tom Spanbauer. Lugares remotos. Trad. de Claudio López de Lamadrid. Muchnik Editores. Barcelona, 1993. 108 páginas. 1.200 pesetas.
       
       LA REVANCHA DE LA INOCENCIA
       
       En un terreno acotado, inaprensible, tan brumoso que no se distingue lo patente de lo imaginado, crecen los niños solitarios. Habitante de un mundo así es Jake Weber, de trece años, hijo único de unos lacónicos y autoritarios campesinos del noroeste americano. Jake es el narrador de esta primera novela de Tom Spanbauer, quien merecidamente atrajo la atención de los lectores y la crítica con su segunda obra, El hombre que se enamoró de la luna. El estilo, el concepto de la narración, los valores éticos que dotaban de originalidad y capacidad de sugerencia a esta última, se encuentran ya en Lugares remotos, aunque en este relato primerizo se controla la tendencia a la desmesura, que constituye el principal defecto del Spanbauer posterior.
        Jake, en un período de no más de seis meses, va a entrar en la edad adulta. Ese cambio se produce, argumentalmente, cuando por casualidad es testigo de tres muertes violentas : un brutal banquero lanza sus perros contra la mujer india de un negro, quien, después de vengarse matando al déspota, aparecerá colgado de una viga. Toda esa violencia será vivida por el muchacho como una reinterpretación justa de la historia americana, como una revancha de los pueblos nativos avasallados; el triunfo íntimo de Jake consiste en volver a colocar la naturaleza y la inocencia en los primeros lugares del código moral de su país.
        La capacidad literaria de Spanbauer se manifiesta con plenitud en la construcción de ese reducto privado en el que madura su protagonista, donde se reconvierte poéticamente la sordidez, la inmensa tristeza de ser niño entre adultos tristes. El joven Jake involucra su universo en las leyes de un cosmos a la vez protector y amenazante, con el que constantemente dialoga; se inventa un nombre secreto, que "sólo conocen los halcones, y las palomas y los chopos"; y vive la religión católica en todo su potencial de magia y aventura, de modo que—a pesar de estrictas normas y aburrida liturgia— los arcángeles todavía se prestan a entablar auténticas peleas.
        Solamente dos adultos preparan a Jake para salvarse en la turbulencia repentina que se agazapa al término de la adolescencia. Uno es un mago de feria, Mr Energy, que consigue convencerle de que "todo es ilusión. No sólo aquí sobre el escenario, no sólo en el circo". Spanbauer borda, con sutilidad y maestría, el monólogo interior de su héroe—influido por el mensaje del ilusionista—, en el que se pasa, sin aristas, con suaves deslizamientos, de la hiperralidad a las sensaciones más espectrales (lo que ha sabido mantener el traductor).
        El otro adulto que resulta fundamental en la evolución de Jake es su profesor, el señor Hoffman, quien le enseña que la historia es sólo un cuento contado por alguien, una interpretación: "Por ejemplo, nosotros pensábamos que habíamos hecho un buen negocio comprando Manhattan por venticuatro dólares en baratijas, pero ¿qué tenían que decir los indios acerca de la transacción?" Y es con su propia interpretación como Jake entiende y asimila los terribles hechos que contempla. El negro que asesina al cacique, es transformado en indio y descrito en una ensoñación de heroicidad exaltada: "Gerónimo estaba de pie en el prado, junto al río, con el arco tensado, los ojos fieros como los de un halcón. Estaba desnudo excepto por un cordel en torno a la cintura y un trozo de cuero que le colgaba por delante. En el cordel había unas cuentas, las cuentas con las que se compró Manhattan..."
        El entorno se ha llenado de cadáveres pero Jake ha sabido sobrevivir; ya es un hombre, pues ha sido capaz de rectificar el sentido de la historia viendo los hechos aparentes en su oculta y mágica verdad, desde su soledad fértil e imaginativa. Y eso le convierte en un héroe insólito dentro del género de la novela de aprendizaje, del que Lugares remotos es una muestra serena y clásica.
       Juan Marín. Publicado en El País/Babelia, p. 10. 20/11/1993

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Este artículo pertenece a la sección "Escritores del mundo"