16/10/2008

La venganza de los olvidados

Este artículo apareció en El País el 1 de febrero de 1992, es decir, hace nada menos que 16 años, en el inicio de la invasión de los ordenadores domésticos. Salvo algunas referencias a la actualidad del momento, como la de la Ley Corcuera (también llamada "la ley de la patada en la puerta")*, el resto conserva toda su validez, como una reivindicación de las viejas formas de comunicación que la tecnología no debería haber destruido.
       
       LA VENGANZA DE LOS OLVIDADOS
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       A Tere, aquella operación le exigió permanecer un mes en el hospital. Miguel, su marido, aparecía a media tarde y se quedaba unas tres horas trabajando extasiado en su ordenador portátil. A ella no le importaba, lo veía ahí tan cerca que se sentía acompañada. Su madre, en cambio, no paraba de encizañar: "Míralo, todo el rato con ese cacharro y a ti ni caso, estando como estás; es que no le importas un pito." Ciertamente, al poco de comprarse el primer ordenador, Miguel se ensimismó, como si su vida interior hubiera desbordado los límites de su cuerpo; cuando adquirió el segundo, ya no decía palabra. En un año escaso se convirtió en un esclavo sumiso de la informática. "Mi ordenador me ama", musitaba en sueños.
        El caso de este hombre no es raro. Como muchos otros, Miguel está sustituyendo sus relaciones con los demás por una más gratificante con la computadora, sencillamente porque con ella se comunica sin distorsiones. El Dr. Philip G. Halls lo explica en su libro Computers and feelings: el lenguaje humano es equívoco mientras que el informático es unívoco. Es decir, una vez que se aprende el código de signos, ya no hay malentendidos. Usted le dice a su máquina: "vaya a página 30 (intro)" y en la pantalla aparece dicha página en un decir Manhattan. Por el contrario, si usted quiere ver una película de Robert Siodmark en la tele y sus hijos le están dando la tabarra, puede decirles "idos a vuestro cuarto (intro)" pero los chavales seguirán con su alboroto. Ellos han oído el mensaje y lo han entendido pero no aplican el concepto de obediencia debida, base de la relación del ordenador y su ordenante. Relación que es ya, digámoslo sin sonrojo, puramente sentimental.
        Hace una semana, Miguel apareció en posición fetal en un rincón del pasillo. "Mamá, papá está como acartonado", sentenció el primogénito sin ninguna inquietud. Con enorme paciencia, su esposa pudo arrancarle el motivo de su estado: el disco duro de su 386 Turbo se había formateado él solo, borrando todo lo que almacenaba. Miguel era, de repente, un hombre sin memoria, sin humores, sin relleno para el corazón. Se trata, al parecer, de una plaga de virus extremadamente dañinos, que están deshaciendo las vidas de miles de personas. Dicen que a Gonzalez, cuando calló ante la ley Corcuera, se le había borrado el disco duro con todos los datos sobre su etapa de rojillo clandestino. Dicen también que el ordenador de una famosa soprano sólo funciona si está sonando Una décima de segundo, la canción de Nacha Pop. Se rumorea que un prestigioso escritor de novelas oscuras ha de recitarle poemas de José María Gabriel y Galán a su HPX/25T, antes de cada sesión de trabajo; y un locutor muy popular, fanático de la copla, ha pegado con cinta adhesiva unos claveles y una foto de Marifé de Triana en los bajos de la pantalla, para que no parpadee. Cada uno hace lo que puede, ya que nadie confía en los talleres técnicos. Se está corriendo que vuelven, callados aunque furiosos, tímidos pero vengativos y crueles, el cuaderno de espiral y la pluma estilográfica.
       
       *José Luis Corcuera fue Ministro del Interior entre 1988 y 1993. Inspiró una polémica ley de Seguridad Ciudadana cuyo artículo 21 (apartado segundo) permitía a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad la entrada y registro en domicilios sin orden judicial. El Tribunal Constitucional declaró nulo este apartado en noviembre de 1993.
       * Lo del Dr. Philip G. Halls y su libro "Computers and feelings" es todo pura invención.
       
       Juan Marín. Publicado en El País/Babelia, p. 2. 01/02/1992

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Este artículo pertenece a la sección "Querido Caos"