07/07/2001

Luis Martinez de Mingo. El perro de Dostoievski

Luis Martinez de Mingo. El perro de Dostoievski. Muchnik. Barcelona, 2001
       202 páginas.
       
       MALDITA POSESIÓN
       
       Tapada por la profusión de títulos masivamente promocionados de la temporada primavera-verano, aparece esta sorprendente novela picaresca de Luis Martinez de Mingo. Se trata de un relato compacto, bien estructurado y resuelto, que combina el anacronismo del estilo-a veces propio del siglo de oro, otras del novelón del XIX—y la modernidad de sus planteamientos radicales, visceralmente sinceros. No conozco la obra previa del autor, nacido en Logroño en 1948, consistente en dos libros de poesía, uno de relatos y una novela-Bestiario del corazón (1999)-a la que Caballero Bonald se refirió como "un libro insólito de un escritor brillante", opinión que puede suscribirse con respecto a El perro de Dostoievski. Este riojano también ha editado dos antologías y suya es una biografía del director de cine José Luis Borau. No se trata, pues, de un escritor casual e intermitente sino de alguien con derecho a ser tenido en cuenta; su última novela exige incluso mayor reconocimiento. Ahora bien, no hay que olvidar que El perro... es un relato contracorriente, independiente de cualquier moda, y nada generoso con las tendencias de la mercadotecnia editorial.
        De momento estamos ante unas memorias escritas por alguien que ha terminado durmiendo en una estación del metro madrileño. Pero ese alguien es un escritor cuyas lecturas le han influido profundamente, hasta el punto de configurar su propia vida. Se trata de un pícaro que se deja arrastrar por la literatura en la misma medida, y en igual grado de adicción, que por el alcohol, el juego o las mujeres. Ese pícaro que lo ha leído todo nos cuenta su peripecia-en el sentido más aristotélico del término: el paso de la felicidad a la desgracia, motivado por una serie de acontecimientos verosímiles-a la vez que hace una reflexión sobre la escritura y sobre el hecho de escribir hoy y aquí.
        Uno de los aciertos de la novela es el de sostener un modelo de biografía ficticia en una estructura de referencias a muy variados escritores emblemáticos; con acertada oportunidad, por aquí desfilan Barral y Gil de Biedma, junto con Sartre, Pavese, Lampedusa y, con apariciones destacadas, Faulkner y Hemingway. Encontramos, ligeramente disimulado, un ensayo literario. Y concretando, un ensayo sobre la literatura y el mal, sobre el malditismo del escritor maldito: fascinante redundancia de la vida y obra de Arthur Rimbaud, de Jean Genet, y, por encima de todos, de Fedor Dostoievski. El pícaro se confiesa "su perro" en una imagen de sumisión, de inferioridad y de respeto; de vivir a su sombra, de ir siempre tras sus pasos. Los hermanos Karamazov, Crimen y castigo, El jugador, o Memorias del subsuelo se convierten en los espacios narrativos por donde transcurren etapas de su vida. Confiesa "sin arrepentimiento" estar poseído por el autor ruso. A esa conclusión llega el pícaro al final de la novela, después de habernos hecho acompañarle en un viaje de aprendizaje y experiencia por las capillas literarias de una ciudad de provincias, por las fantasías de los escritores primerizos y por el engreimiento de los santones de casino, por la guerrilla salvadoreña y por el Madrid de la movida, por los estudios de doblaje y por los casinos, hasta llegar al subsuelo. Realmente insólita, divertida y visceral "purga del corazón" de un escritor ignorado. Hasta ahora, esperemos.
       
       Juan Marín. Publicado en El País/Babelia, p. 8. 07/07/2001

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Este artículo pertenece a la sección "Escritores en lengua española"