17/08/1996

Nick Hornby. Fiebre en las gradas

Nick Hornby. Fiebre en las gradas. Traducción de Miguel Martinez-Lage. Ediciones B. Barcelona, 1996. 293 páginas. 2.500 pesetas.
       
       ELOGIO Y DEFENSA DEL HINCHA
       
       Un día de mayo de 1995, un gol extraordinario de Nayim dio la victoria al Zaragoza frente al Arsenal en el último minuto de la Copa europea de Campeones. No puedo imaginarme el gesto de desilusión y rabia que seguramente desfiguró el rostro de Nick Hornby, periodista y escritor londinense de 39 años, autor de la divertida y tierna novela Alta fidelidad, y es que Hornby es, por encima de cualquier detalle biográfico, un hincha del Arsenal que detestaría morir antes de que una liga acabase y que desearía que sus cenizas fueran esparcidas por el campo de su equipo en Highbury.
        Quizá porque el futbol todavía no tenga toda la literatura que se merece, Hornby se ha lanzado a escribir un libro que con humor y sinceridad entrelaza la historia de los últimos 25 años del Arsenal con una novela de aprendizaje, a la vez que articula una fervorosa apología de la pasión por ese deporte. Cada capítulo está ligado a un partido o a acontecimientos tan significativos como los nuevos fichajes o un cambio de entrenador pero el autor siempre desplaza el interés deportivo hacia lo más personal. Siendo todavía un niño, sus padres se divorcian y el fútbol actuará como una "manta de Linus" que arrope con fantasía y proporcione seguridad a un muchacho que no entiende demasiado bien los cambios que están afectando su vida. El fútbol le ayudará a encontrar amigos, a esquivar la infelicidad, a convertirse en un hombre adulto. Hay en la resuelta gradación de las fases de crecimiento de su personaje toda una demostración de que Hornby ya es un escritor muy estimable.
        Quizá el fútbol sea un mundo muy pequeño visto desde fuera pero se convierte en un universo ilimitado cuando se vive desde dentro, y partiendo de este planteamiento el autor se mueve en las dos perspectivas, una irónica, exterior y analítica y la otra visceral, apasionada y dolorida. La causa de este sentimiento de dolor viene producido por la aparición de un nuevo tipo de espectador, violento e irracional que ve el fútbol como una fuente de posibilidades para alimentar su odio. Así, estos nuevos espectadores han logrado que el deporte deje de ser una bella y pacífica metáfora de la batalla para convertirse en la batalla misma. Pero Hornby insiste en que el 95 por ciento de los aficionados nunca se ha pegado con nadie; por eso, su libro es una defensa de aquellos que no quieren renunciar al fútbol como sueño, a la liga como constante gratificación a una vida carente de grandes hazañas y generosa en rutina. Si los seguidores violentos de los clubs leyeran, este libro sería una oportunidad única para reconducir la competición a los límites de la rivalidad civilizada. El más hermoso de los deportes, ése que permite que el mejor equipo no gane y en el que el enclenque puede con el fuerte, ése que mezcla lo mejor del atletismo con la inteligencia de la estrategia de equipo ha encontrado en Fiebre en las gradas una obra de referencia, por su discurso moral, por el retrato apasionado e irónico del corazón de un hincha en el que cualquier aficionado puede proyectarse. Martinez-Lage mantiene en su traducción toda la frescura coloquial del estilo del autor.
       
       Juan Marín. Publicado en El País/Babelia, p. 8. 17/08/1996

El la redacción de El País/Babelia añadieron la siguiente entradilla: "La novela de Hornby redime al aficionado pacífico frente a la minoría de los violentos del balonpié"

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