14/05/1994

Angeles de Irisarri. Ermessenda, condesa de Barcelona

Angeles de Irisarri. Ermessenda, condesa de Barcelona. Editorial Lumen. Barcelona, 1994. 165 páginas. 1.400 pesetas.
       
       ARMAS DE MUJER BRAVA
       
        Con esta novela, Angeles de Irisarri ha ganado el primer premio Femenino Singular que, para obras escritas por mujeres, concede la editorial Lumen. Irisarri es autora de dos novelas históricas— Toda, reina de Navarra y El estrellero de San Juan de la Peña— y de un relato utópico en clave de farsa, El año de la inmortalidad, aparecido muy recientemente.
        Ahora, la acción transcurre a caballo entre los siglos X y XI, cuando doña Ermessenda, corregente de Barcelona, Gerona y Ansona, contempla confusa e irritada la decisión de su nieto el Conde don Ramón Berenguer de repudiar a su legítima esposa doña Blanca y casarse en Francia con doña Almodis, una bellísima dama de muy mala reputación, dejándose llevar "por el ardor masculino, que a muchos hombres ciega". Como protesta ante esta situación, que tan mal ejemplo da a las buenas gentes de Cataluña, doña Ermessenda se encierra en un baúl del que jura no salir hasta que su nieto sea excomulgado.
        Irisarri no disimula su afición por los personajes singulares, un poco excéntricos de la historia, y Ermessenda lo es en el sentido de que encarna una obstinación, una tozudez de reflejos esperpénticos. El enfrentamiento entre la condesa y el nieto tiene una doble raíz: por un lado, la provocación moral y social de Ramón Berenguer al elevar a un rango de altura semejante al de Ermessenda a una mujer que nadie habría discutido como concubina de lujo, y por otro, el atrevimiento del hombre a decidir casorio por cuenta propia, sin hacer la más mínima consulta a su abuela. No se trata, pues, de una historia de amor, sino de amor propio, ya que la cólera de Ermessenda se entiende en tanto que el conde ha roto el equilibrio tácito de la corregencia: la guerra para él y la política para ella. De esta manera, la vieja dama se erige en una personificación del tradicional poder oculto de las mujeres que están detrás de hombres (así se presenta a don Ramón) un poco simplones, agresivos y rijosos.
        A pesar de sus fuertes rasgos y de su protagonismo, Ermessenda carece de solidez como personaje. Esto se debe a que Irisarri es fundamentalmente una narradora seducida por la historia que cuenta; le interesa mucho más la evolución de los acontecimientos que lo que sus personajes puedan pensar o sufrir. Los apuntes psicológicos son tan leves y rápidos que el relato se acerca estéticamente a una pintura en los albores del Gótico. ¿Por qué no se ha desarrollado más el personaje de doña Almodis? Cuando en las páginas 120 a 124 se le concede la voz, uno se da cuenta de que ella es la horma del zapato de doña Ermessenda y no resulta fácil entender por qué se la ha desaprovechado.
        Narrativamente era complicado hacer fluir una historia desde un núcleo espacial tan reducido como un baúl, pero la autora ha sabido resolver este problema creando una ficción paralela, la de la doncella Gerberda— que nació hada en un gélido país artúrico— con la que la novela se impregna de magia y se convierte en un apreciable cuento de aventura y fantasía para adultos. Para los aficionados al género histórico, hay que señalar que la documentación es rigurosa, aunque pienso que a veces esta documentación se nota demasiado y cae en excesos descriptivos. Con todo, la novela interesa y entretiene debido a la innegable inteligencia de Irisarri para mezclar ciencia histórica e imaginación, lo que además hace con un español rico en léxico y de sintaxis nítida y ordenada.
       
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 13. 14/05/1994

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